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EL RUMBO QUE EL PERÚ NECESITA

EL RUMBO QUE EL PERÚ NECESITA

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El proceso electoral por el que transcurrimos desde inicios de año atomizó el voto y radicalizó el mensaje. Tal es así que en segunda vuelta tenemos a un candidato de izquierda extrema queriendo petardear el sistema democrático y cambiar el rumbo económico vigente, aunque su última alianza sea una estrategia para bajarse el tono de rojo y parecer moderado.

No dudamos de la necesidad de hacer modificaciones razonables al sistema que hemos mantenido hasta el día de hoy y que, bien que mal, nos sacó de la desorbitante inflación y nos situó en el pedestal de las economías más sólidas de Latinoamérica. Sin embargo, el crecimiento no necesariamente implicó desarrollo y las cifras macroeconómicas no llegaron a todos los rincones del variopinto Perú ni llenó todas las ollas.

Entonces cabe la pregunta que en tiempos de campaña suele ser una acusación y reclamo por parte de la izquierda, ¿la derecha ha gobernado el país? En el Perú podríamos diferenciar entre dos derechas. Una es la derecha liberal, y otra, muy distinta, la derecha conservadora, que es mercantilista en lo económico (el sistema que nos ha gobernado casi desde nuestros orígenes republicanos), autoritaria en lo político (aun cuando discurra dentro de los cauces democráticos, es creyente del funcionamiento legal represivo) y ultra en materia de derechos civiles (véase su postura sobre derechos de las minorías: la equidad de género, la unión civil o la despenalización del aborto).

Pese a ello, cabe precisar que en el país nunca ha gobernado la derecha liberal, y hago hincapié en nunca, por más mala propaganda que se ha hecho. La derecha liberal es aquella que apuesta por la instauración plena de una economía social de mercado, la consolidación de las instituciones democráticas, el fortalecimiento de un Estado moderno, el respeto de los derechos individuales y colectivos, de las minorías, entre otros.

Ni García, ni Humala y tampoco PPK y, mucho menos, Vizcarra, podrían definirse dentro de la derecha liberal. No obstante, las grandes reformas estructurales que se hicieron en la primera mitad de los 90 fueron de carácter liberal en lo económico, aunque Alberto Fujimori no lo fuera. Por su parte, Toledo también ejecutó algunas reformas importantes entroncadas con un ideario liberal: los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la eliminación de la cédula viva, aunque cedió ante la presión de su entorno para dar amnistía a la violencia terrorista. Es decir, las grandes reformas, en materia económica, que nos llevaron al desarrollo se dieron gracias a una política económica liberal.

Como podemos repasar en nuestra historia reciente, en Perú nos ha gobernado un mercantilismo que hizo metástasis con la corrupción. Sin embargo, esta segunda vuelta electoral nos pone frente a dos opciones diametralmente opuestas que promueven, por un lado, una derecha populista con coincidencia liberal, Keiko Fujimori propone cambios moderados, una economía social de mercado, el respeto a la institucionalidad democrática, a los derechos individuales y colectivos, entre otros. Y, al otro extremo, la propuesta socialista de Castillo que propugna la lucha de clases, el cambio de Constitución vía Asamblea Constituyente, el cierre del Congreso, del Tribunal Constitucional, de la Defensoría del Pueblo, entre otras instituciones democráticas.

Es hora de que el ciudadano ejerza su poder. Poder de elegir y pensar en nuestro presente y en nuestro futuro, poder para optar vivir en un estado democrático, poder para mejorar aquello que no ha funcionado ¡Otorgaremos ese poder a quien haría crecer al Perú con las reformas necesarias o a quien, con sus propuestas, propone hundirnos en un sistema que históricamente ha fracasado a nivel mundial (URSS, Cuba, Venezuela, etc)?

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