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EL AUTORITARIO QUE SE HACE LLAMAR AMAUTA

EL AUTORITARIO QUE SE HACE LLAMAR AMAUTA

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‘Amauta’ en quechua significa ‘maestro sabio’, era quien educaba a la nobleza inca, que por su gran reconocimiento y prestigio social formaba parte del consejo imperial del Sapa Inca. Sorprende, entonces, que su entorno denomine al candidato Pedro Castillo como Amauta sin contar con los méritos para tal designio. La misma jugada marketera hicieron con Toledo [ex presidente implicado en el caso Odebrecht que huyó del país y se refugió en USA para no ser alcanzado por la Justicia], nombrándolo ‘Pachacutec’ y ya sabemos lo grande que le quedó en el apelativo.

Pero, más allá de la imagen que se le quiera dar, veamos quién es realmente Pedro Castillo. El profesor cajamarquino casi sin imaginarlo ha saltado a la palestra política gracias al voto popular apelando a la lucha de clases -que enfrenta pobres con ricos-. Propone la estatización de la industria, la convocatoria a una Asamblea Constituyente, el cambio de la Constitución, también entre sus propuestas está el Congreso de la República, del Tribunal constitucional, de la Defensoría del Pueblo, de Sunedu, entre otros. Rasgos típicos de gobiernos totalitarios y de dictaduras vecinas.

Según el ideario de Perú libre y de Vladimir Cerrón líder y dueño del partido, son una opción de extrema izquierda, marxista leninista. Por tanto, esos son los valores que representa Castillo y, como tal, tiene el propósito copar todos los espacios de poder existentes en la sociedad.

Este candidato que en plazas se despacha con su discurso de lucha de clases, dando en el blanco del resentimiento nacional, ha empezado a huir de entrevistas en medios de comunicación, pues con el ideario del partido por el que postula no le alcanza para sustentar los programas y las acciones que pretende implementar en caso llegue a la presidencia del país. Ante sus deficiencias programáticas y de contenido, ha decidido callar y alejarse de la prensa. Es por ello que la última semana se la pasó huyendo de un ‘debate’ que él mismo propuso, retando a su contrincante, Keiko Fujimori, sin medir que la candidata lo aceptaría e iría hasta el pueblo natal de Castillo [a un debate con cancha dispareja de cuya organización no se le dejó participar] para enfrentarlo con ideas ante una multitud hostil que no la dejaba expresar sus propuestas.

Ya hemos anunciado en columnas anteriores que ésta será una segunda vuelta más simbólica que programática, de apelación a emociones, de conectarse con aquella porción del electorado que aún no decide su voto. Pero si bien por ahora a Castillo le bastan las plazas, la agitación del odio y el enfrentamiento entre peruanos; pronto tendrá ante sí cuatro debates en los que deberá demostrar, con datos más que con sentimientos, cómo pretende gobernar y cómo impulsará los ejes centrales para el desarrollo nacional.

Entre tanto, no maltratemos la memoria de los hombres que construyeron y engrandecieron el Perú, usando sus nombres para levantar la imagen a personajes que deberían crear una marca propia, en base a su trabajo, propuestas y éxitos propios. Ni empeñemos nuestro sistema democrático a cambio de falsos ofrecimientos de igualdad, porque la única igualdad que logrará Castillo es ponernos a todos por debajo de la línea de la pobreza mientras socavan nuestras instituciones para fortalecer su poder indefinido. Y de eso, sí tenemos certeza.

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