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VIVIR EN PANDEMIA

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Era una familia de la periferia urbana de Iquitos metropolitana, con una carga de 6 miembros en una casa multifamiliar, agrupados en el 80.1 por ciento de la población perteneciente al nivel socioeconómico D y E, cuyo valor de su canasta básica de consumo se encuentra en el rango de s/1,200 y 900/mes. Todos los días, la mamá se traslada al mercado de Belén donde es propietaria de un negocio de preparación y venta de comida casera, heredada de su madre. Su rutina diaria radica en negociar el crédito diario de los insumos que va utilizar en el día (carnes, verduras, etc) para ser cancelada al término de su jornada, producto de sus ventas, los mismos que también sirven para amortizar sus pagos diarios de la deuda contraída con sus proveedores de efectivo (entre ellos el crédito gota a gota), así como aquellos productos adquiridos para el hogar (textiles y utilería casera). Su rutina no cambia y el esfuerzo sirve para financiar, en el límite, la provisión de alimentos, salud y educación de sus menores hijos. El papá también aporta a los ingresos de la familia, y es uno de los 60 mil motocarristas que se trasladan por el pavimento y asfalto (malogrado y sin mantenimiento) de la ciudad capital de Loreto en medio de un infernal caos vehicular y los kilos de tachuelas regados por los parchadores de llantas que encontraron en esta trampa su mejor negocio.

Las unidades productivas informales de los hogares en Loreto representan el 93.6 por ciento, mientras que el empleo informal lo hace con el 79.2 por ciento al 2019 (INEI 2021), este grupo poblacional altamente vulnerable se vio incrementada durante los primeros 115 días del primer encierro (desde la segunda quincena de marzo hasta fines de mayo) y la tragedia impregnada en la memoria colectiva fueron los hechos ocurridos desde el 17 de abril al 18 de mayo de 2020, donde el número de fallecidos acumularon los 1 mil 451 paisanos nuestros, donde la desesperación y el grito lastimero tuvo un solo eco: oxigeno medicinal. En los próximos 7 meses, la calma y la aparente inmunidad de rebaño y el afán de recuperar   los ingresos perdidos, persuadió con insistencia a una nueva normalidad: sin bono que aguante el incremento especulador de los precios básicos en los mercados (dispersos e itinerantes), sin ahorro bancario, consumido en su totalidad su CTS y parte de sus fondos de pensiones, deudas contraídas con los créditos informales (punitivos y delincuencial), con las cuentas acumuladas de los servicios públicos (tarifas aumentadas), tarjetas de crédito de consumo preñadas con el paso del tiempo, empleos perdidos por el mecanismo de suspensión perfecta, y los conflictos familiares provocados por la encerrona; la nueva normalidad trajo nuevos retos y una población que encaro a la pandemia y pisó con fuerza suelo urbano, buscando angustiosamente el financiamiento de sus primeras actividades: los créditos pignorativos y la venta (o dejados en prenda) de los activos familiares, fueron quizás las primeras decisiones (por necesidad) que se tomaron para enfrentar una nueva realidad, y muchas de esas familias todavía enfrentan el estrago del contagio (y lo peligros de su secuela) con deudas aún pendientes por cancelar. La mente urbana procesó una información de su propia experiencia: que el sistema de salud y su infraestructura es altamente riesgosa y mortal, teniendo como aliados a una gestión pública indolente, teniendo otras prioridades que no es  precisamente el cuidado de la salud de sus ciudadanos. Al finalizar 2020, 9 plantas de oxigeno medicinal se encontraban operativas en los centros de salud de Iquitos y Yurimaguas con una capacidad de producción total de 185 m3/hora, de las cuales 5 de ellas (4 en Iquitos y 1 en Yurimaguas) fueron gestionadas y adquiridas en plena crisis sanitaria con los aportes voluntarios y solidarios de ciudadanos loretanos y gestados por la Iglesia Católica; y una planta (o en préstamo) donada por la minera BUENAVENTURA para Essalud, también en plena crisis. Las otras tres, son plantas de oxigeno antiguas cuyo propietario es el Gobierno Regional de Loreto, que no incorporó ninguno en el 2020 y en lo que va el 2021. En Saramiriza se tiene una planta de oxigeno (para llenado de balón) de propiedad de PetroPerú.

La resaca de fin de año, y entrando ya en el año del bicentenario, el panorama no podría ser mejor y al mismo tiempo preocupante. Un escenario de crecimiento del PBI nacional para el 2021 de 10 por ciento, así como un presupuesto para Loreto en inversiones superiores a los s/2 mil 300 millones con la incorporación del adelanto por tres años (hasta el 2023) por un valor cercano a los s/1 mil millones en la cuenta del Fideicomiso regional, el panorama para la recuperación económica no podría pintar mejor; sin embargo, los reportes de una nueva variante de la cepa, con mayor velocidad de contagio, por tanto, de mayor letalidad, ingresó por todas las fronteras, y la variante de Manaos arribo al territorio de Loreto con mayor facilidad. Hoy se encuentra en nosotros, y el rebaño encuentra en un dilema mortal de enormes magnitudes: preservar la Salud o atenuar su crisis Económica.

La segunda ola, provocado por una progresión exponencial de los contagios y en solamente

15 días cambio rápidamente el riesgo sanitario en Loreto, pasando de alerta moderada a Alerta muy Alto, y para las provincias de Maynas y Mariscal Ramón Castilla a Alerta Extremo. Al 12 de febrero, el número de fallecidos acumuló 203 en lo que va el 2021, y el 11 de febrero se registraron 19 caídos (la más alta del año), siendo el factor detonante la escases           de        oxigeno           medicinal, señalando al mes del        amor y la amistad como el de mayor letalidad.

La suma total de decesos suman 2 mil 662 en el periodo 2020-21, y la cifra seguirá en aumento en tanto en cuanto no se solucione de manera inmediata con la provisión de oxigeno medicinal (los fallecidos extra hospitalarias son significativas); mientras tanto la población seguirá haciendo su vida dentro de su propia normalidad (está haciendo caso omiso a la inmovilidad social y restricción de la actividad económica) en medio del dolor, miedo y una amargura colectiva por la indolencia gubernamental y su incapacidad. Hoy, y en medio de una posible mayor letalidad provocada por el virus en los próximos días, sus ciudadanos están buscando soluciones a sus penurias económicas. El valor económico por encima de la salud colectiva.

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