El Día del Padre en el Perú trasciende la celebración comercial; es un reflejo de resistencia y entrega. Hoy rendimos homenaje a miles de hombres que han transformado el significado de la paternidad, convirtiéndose en el pilar absoluto de sus hogares, asumiendo dobles jornadas de trabajo y, en muchos casos, el rol de padre y madre a la vez.
Durante generaciones, el mandato cultural redujo al varón al rol de «proveedor». Si había sustento, la tarea estaba cumplida. Sin embargo, hoy vivimos una revolución silenciosa.
Como bien señala UNICEF, ser un papá activo va mucho más allá de la billetera: implica una corresponsabilidad real en el cuidado diario (alimentar, bañar, hacer dormir), construir un vínculo afectivo incondicional y ejercer una crianza respetuosa, basada en el buen trato y el diálogo con la madre.
Esta labor adquiere un tinte heroico en el «Perú profundo». En las zonas rurales más alejadas, ser padre es un desafío titánico contra la pobreza, el aislamiento y la falta de servicios básicos.
Allí, entre brechas de salud y educación, los padres transmiten saberes ancestrales y forman hijos resilientes, guiándolos por el buen camino a pesar de la adversidad. El soporte que brindan estos hombres es la base de nuestra sociedad.
A los padres que rompen moldes criando con ternura, y a los del Perú rural que siembran esperanza en la tierra más dura: gracias por su compromiso incondicional.
¡Feliz Día del Padre!… «Kusi raymi taytay».