El tablero electoral peruano se va definiendo con las cifras de la ONPE consolidando el avance de Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) a la segunda vuelta, el país se prepara para un junio de definiciones intensas.
El escenario, aunque familiar en su polarización, presenta matices estratégicos nuevos que determinarán quién ocupará finalmente el sillón de Pizarro.
Para Keiko Fujimori, el reto es romper su propio techo de cristal. Su derrota en las tres contiendas anteriores (2011, 2016, 2021) pesa en la memoria del electorado.
Esta vez, su mirada está puesta en el voto de centro. Personajes como Jorge Nieto y Marisol Pérez Tello representan a un electorado institucionalista que teme a los extremos. Incluso el sector de Ricardo Belmont, tradicionalmente volátil, entra en su radar de acuerdos.
La pregunta es: ¿podrá Fujimori moderar su discurso lo suficiente para convencer a quienes antes le dijeron «no»?
La ruta del sur: Sánchez y el legado castillista
En la otra orilla, Roberto Sánchez no oculta su genealogía política. Su estrategia es clara: consolidar la base que alguna vez llevó a Pedro Castillo al poder. La alianza con sectores etnocaseristas vinculados a Antauro Humala sugiere una apuesta por el voto antisistema y el respaldo de las regiones del sur y centro del país.
Sánchez busca canalizar el descontento social, pero debe caminar sobre una cuerda floja para no espantar al electorado urbano que teme a la inestabilidad.
Nada está dicho. Las elecciones en el Perú se ganan en la última semana, y muchas veces, por el margen de un error.
Keiko debe afinar la puntería para no repetir el guion de la derrota, mientras que Sánchez debe demostrar que su propuesta es de gobierno y no solo de protesta. La carrera por los votos de los partidos eliminados ha comenzado.