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LA PALABRA EMPEÑADA Y LA JUGADA PERFECTA: EL REGRESO DE LÓPEZ ALIAGA A LA ALCALDÍA

LA PALABRA EMPEÑADA Y LA JUGADA PERFECTA: EL REGRESO DE LÓPEZ ALIAGA A LA ALCALDÍA

La palabra de un político vale tanto como su capacidad para cumplirla. Cuando votamos por una autoridad, le entregamos nuestra confianza esperando que asuma el cargo con responsabilidad y seriedad. Sin embargo, cuando esa promesa se rompe y las explicaciones van cambiando con el tiempo, lo único que se genera en la gente es desconfianza, molestia y un profundo rechazo hacia la clase política.

Un claro ejemplo de esta situación es lo ocurrido con Rafael López Aliaga. Cuando fue elegido alcalde de Lima en 2022, aseguró rotundamente que se enfocaría en convertir a la capital en una ciudad moderna y que se quedaría a trabajar hasta el último día de su mandato, sin pensar en las elecciones presidenciales.

Pero el tiempo demostró lo contrario: no cumplió su palabra, renunció al municipio y prefirió postular a la Presidencia en 2026. Al no lograr la victoria ni acceder al Senado, quedó en evidencia su intención de volver a donde empezó: la Alcaldía de Lima.

Hoy nos encontramos a las puertas de las elecciones municipales de octubre y el panorama vuelve a sorprender. López Aliaga apareció inscrito en la lista de Renovación Popular, pero no como candidato a alcalde, sino como teniente alcalde (primer regidor). ¿Fue toda una jugada fríamente calculada? Los hechos parecen confirmarlo.

«Cuando se usan artimañas legales para conseguir lo que la ley no permite, el mensaje para la gente es claro: las promesas no importan y todo vale con tal de quedarse en el poder.»

¿Una renuncia sospechosamente coordinada?

Faltando apenas 24 horas para que venza el plazo legal fijado por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) este 5 de agosto, el candidato oficial a la alcaldía por su partido, Luis Rubio, presentó su renuncia irrevocable alegando «razones personales».

Al haberse presentado dentro de la fecha límite, la lista de Renovación Popular no queda eliminada y sigue en carrera, pero con un detalle crucial: como ya no hay candidato a alcalde, la norma señala que, de ganar la elección, el primer regidor de la lista asume automáticamente la alcaldía. Es decir, Rafael López Aliaga se convertiría otra vez en el alcalde de Lima.

Es muy difícil creer que todo esto sea una simple coincidencia. Lo que estamos viendo es una clara maniobra para «sacarle la vuelta» a las normas electorales que prohíben la reelección inmediata.

Al postular primero como regidor y provocar la salida del candidato principal, se logra el objetivo de volver al municipio por la puerta falsa, evitando el debate frontal sobre si corresponde o no su reelección.

Esta manera de hacer política desgasta la democracia y falta el respeto al electorado. Sin embargo, el ciudadano común no es ingenuo. En elecciones anteriores, los peruanos han demostrado que saben castigar las jugadas bajo la mesa y las promesas incumplidas al momento de emitir su voto.

En octubre, la decisión final la tendrá la ciudadanía, que juzgará en la cámara secreta si premia la astucia política o castiga la falta de palabra.

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