En el Perú, la clandestinidad ha dejado de ser la huida desesperada de quien teme a la ley para convertirse en una estrategia de cálculo político.
Pasar a la clandestinidad para evadir una orden de prisión preventiva o una condena efectiva se consolidó como un recurso táctico: un tiempo de descuento ganado en la sombra mientras las defensas legales agotan apelaciones, ganan minutos en el reloj judicial y esperan a que el viento político vuelva a soplar a su favor.
El ejemplo más evidente de esta distorsión institucional es el de Vladimir Cerrón, líder de Perú Libre. Condenado en octubre de 2023 a tres años y seis meses de prisión efectiva por el delito de colusión en el caso Aeródromo Wanka, el dirigente suma ya más de dos años y nueve meses prófugo de la justicia.
Para el ciudadano de a pie, permanecer inubicable por tanto tiempo con una orden de captura vigente es una quimera; para quien ostenta cuotas de poder, parece ser solo cuestión de logística.
¿Cómo se explica que el líder del partido de gobierno se haya convertido en el «hombre invisible» para la Policía Nacional?
Los expertos coinciden en una lectura que descarta la casualidad: una extensa y fallida búsqueda atribuida a una sólida red de protección política, evidentes fisuras en los equipos de inteligencia y un soporte logístico encubierto que le ha permitido no solo esconderse, sino mantener presencia activa en el debate público.
Pero en la política peruana las coincidencias rara vez son casuales.
Resulta altamente sospechoso que esta orden de libertad llegue precisamente a solo una semana de que el presidente José María Balcázar, proveniente de las filas de Perú Libre, deje el Gobierno. La prisa por resolver este beneficio judicial justo antes del cierre de una gestión afín dinamita cualquier pretensión de imparcialidad y deja la amarga sensación de un favor de despedida.
La clandestinidad no puede seguir siendo un espacio de negociación ni un privilegio reservado para quienes tienen amigos en el poder.
Cuando la efectividad de una condena depende de la capacidad de esconderse hasta que el escenario político juegue a favor, el mensaje hacia la sociedad es devastador: en el Perú, la justicia no es igual para todos; solo basta saber esperar en la sombra adecuada.