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ALGORITMO PARA UNA CIUDAD EN CRISIS

ALGORITMO PARA UNA CIUDAD EN CRISIS

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En 1995 la población contada de Iquitos metropolitana sumaban los 349 mil 573 habitantes, desde ese entonces pasaron 25 años, sumando al 2020 una cifra proyectada por el INEI de 476 mil 928. Su población fue ganando terreno y espacio en ambos márgenes de la carretera Iquitos-Nauta convirtiéndose ahora en una vía periurbana en los primeros 15 kilómetros contados desde la línea del aeropuerto internacional Francisco Secada Vigneta, donde la informalidad de los predios, el tráfico de terrenos, y la invasión de predios privados y productivos se encuentran asechados constantemente. Avanzan sin control, sobre todo en épocas de campaña política donde encuentran respaldo en el verbo populachero, garantizando instalación de infraestructura de servicios básicos, titulación y obras civiles para su buen vivir. En ese espacio también se encuentra instalada una nueva ciudad promovida por el Estado peruano, donde una parte (probablemente sean un 8%) de las poblaciones de la zona baja de belén (nueva ciudad de Belén) se reubicarían en un espacio de 50 hectáreas, con una inversión programada de s/179 millones, de los cuales se ejecutaron inversiones (2016-20) de s/6 millones 568 mil, a pesar de presupuestos programados que daba la impresión que la nueva ciudad terminaría en el 2019. La ciudad también creció en su dimensión y en su desorden: el piso asfaltico promovidos por los gobiernos locales avanzaron en el camino de organizar una ciudad conectada entre sí, fluidez en su tránsito y desplazamiento vehicular con menor carga de emisiones contaminantes o polución ambiental; aminorar la salud pública afectados por los baches y los miles de metros cuadrados de huecos mal arreglados; crecimiento vehicular desproporcional, sobre todo de los motocarro como fuente de empleo e ingresos familiares, y en los últimos años, autos y camionetas como indicador de una mejora sustantiva en los ingresos personales, todos estas unidades se desplazan por calles cada vez más angostas, sobre toda las principales, porque ellas se convierten en estacionamientos informales; la construcción de viviendas y edificios sin respetar parámetros urbanísticos, zonificación y sin permiso municipal en la mayoría de los casos; todos estos y otros eventos se viven en el día dentro de una ciudad que no acaba de mostrar sus complejidad en su real dimensión y tampoco no sabemos cómo tratarlos en el sentido de ir mejorando (y reacomodando) en perspectivas una ciudad que camina a espaldas de la modernidad y de buenas costumbres.

En un contexto reciente, nuestro socio de Prospectiva Amazónica, econ. Aldo Castillo Navarro presentó a la Municipalidad Provincial de Maynas un Plan de Ordenamiento y puesta en valor de la zona monumental de la ciudad de Iquitos en cuyo contenido y ampliamente contextualizado desarrolla propuestas puntuales para una parte de la ciudad que requiere ser tratada de manera inteligente, al ser esta silueta urbana el corazón de la ciudad, con un rico patrimonio cultural-histórico, como también soporta una infraestructura privada de mayor valor (instituciones financieras, hoteles, restaurantes y otros negocios de mayor tamaño) generando mayor renta municipal, y en contraprestación, se tiene una escasa retribución al ciudadano y al transeúnte para entregarle un piso urbano seguro, de mayor movilidad y sano en términos de polución en su recorrido.

Se tiene que pensar en construir (o reconstruir) una ciudad de buena talla para albergar a una población que va llenando sus espacios, sobre todo por el único espacio donde aún

queda lugar para ir creando asentamientos poblacionales y asentando infraestructura productiva y turística, y es la ruta de la carretera Iquitos – Nauta.

Al 2030, Iquitos metropolitana podría superar las 560 mil habitantes, donde el 48 por ciento de su población estará comprendida de 15 a 44 años, con conociendo de herramientas informáticas y aplicativos móviles, aprendizaje que se exponencio durante los tres años que va durar el confinamiento del Covid-19 y sus mutaciones. En lo táctico, tenemos que ir creando una ciudad flotante, la zona baja de Belén (siempre fue una ciudad dentro de otra ciudad, creando sus propias reglas, cimentando costumbres arraigas de su informalidad y sus vicios, adentro también existen talentos y proyectos de desarrollo –agricultura flotante, costureria, y otras iniciativas generadas desde organizaciones no gubernamentales) y un primer esfuerzo como una política centrada en el buen vivir, es evitar que las aguas servidas de la ciudad vayan a parar en sus aguas (al igual que en lago morona cocha) para recuperar la riqueza ictiológica y crear piscicultura en jaulas en la zona baja acompañada con agricultura flotante. La zona baja de Belén, debería ser un primer piloto de urbanismo táctico.

Arriba, en suelo urbano, se debería empezar por una correlación de fuerzas y actualizar el plan de desarrollo urbano y su zonificación en términos de poder alcanzar los siguientes puntos de interconexión: diagnosticar + diseñar + ejecutar + evaluar + sostener; diseñar una ciudad con bosques urbanos, donde el consumo de energía no renovable (paneles solares) se encuentre en cada uno de los semáforos equipados para medir el flujo vehicular y su capacidad de ir facilitando la dinámica de la carga, y un buen piloto seria en el cuadrante que intercepta la entrada al nuevo mercado de Belén y el moderno Hospital de Iquitos (distante a una cuadra) que entraran en operaciones a fines del presente año. Una ciudad donde los cuarteles y bases militares ya no existan, y dar pase a una ciudad más funcional sin la necesidad de crear complejos habitacionales, donde el ciudadano pueda circular, desplazarse y recrearse en familia; los puertos (ahora es un foco que facilita la informalidad y la trata de personas) cuya infraestructura debe estar diseñada para facilitar operaciones logísticas con mayor seguridad y protocolos de control en todos sus extremos, mirando al Atlántico que es la línea de acción y desarrollo de Loreto.

Si hoy el problema fundamental es la falta de empleo el mismo que se agudizo por el efecto de la pandemia, sobre todo juvenil, y mientras el dominio de nuestro sistema productivo es extractivo-mercantil-especulador, no vamos a generar desarrollo multidimensional donde el eje es la persona humana y su buen vivir. Un primer trazo, en la orientación de construir una nueva ciudad (el  que vivimos ahora es una aldea) es preparar todo el recurso humano, institucional y organizacional para generar capacidades elementales y ponernos a trabajar en el diseño (trazos, planos, procesos tecnológicos y científicos), en su ejecución porque se requiere de materiales y materias primas de calidad y, sobre todo, de una mano de obra profesional, técnica y operativa de buen calibre para armar una ciudad vivible y amigable; se va requerir evaluar, en sus primeras fase del diseño, para ir perfeccionando su contenido y allí la percepción social será el semáforo que apuntala la direccionalidad del trabajo; y por supuesto, la sostenibilidad, cuota elemental para mantener una ciudad funcional y una mano de obra experta y en permanente actividad.

La propuesta de Aldo puede ser el inicio de un todo.

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