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AGRICULTURA FAMILIAR URBANA

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En los últimos 40 años; las condiciones en el proceso demográfico, movilidad social y dinamismo territorial desequilibrado en Loreto están generando una serie de problemas estructurales que le convirtieron a la ciudad metropolitana de Iquitos como un espacio de caos y desorden absoluto. El cliché de Isla Bonita denotaba una relación directa con seguridad ciudadana en términos de movilidad vehicular, salubridad e integridad física; así como también de presentar un paisaje urbano con un estatus de ciudad amazónica donde las áreas verdes y los bosques urbanos tenían presencia en el quehacer ciudadano, elevando su categoría de una calidad de vida integral. Las casas tenían espacios para albergar a la numerosa familia y una huerta donde compartían sombra, sembríos de árboles frutales y algunas verduras regionales con arbustos de poco tamaño (casi como una mala hierba) como tomates, ajíes, ají dulce, mullaca (aguaymanto), e incluso la pituca.

Pasaron los años, y la casa familiar se convirtió en multifamiliar y la huerta en cuartos y espacios tugurizados; las áreas verdes y los arboles urbanos desparecieron para dar pase a nuevas  construcciones y pisos urbanos bañados de cemento y asfalto; las invasiones a terrenos rurales con fines agrícolas y productivos fueron sometidos a una subasta dividido en parcelas y al mejor postor en un negocio de trafico de terrenos, promovido siempre por los mismos personajes.

La Isla Bonita, aquella ciudad apacible y de buen vivir, fue progresiva y rápidamente cambiando de aspecto, trazos y diseños urbanos de pésimo gusto, para convertirse en una ciudad caos, donde las autoridades locales tienen escasa eficacia en controlar un territorio urbano tan pequeño, o planificar una ciudad inteligente con una sociedad consiente de su rol de ciudadano con una visión crítica y constructiva; e instituciones que promuevan la participación social, transparencia y promotor de políticas públicas como vasos comunicantes hacia un territorio donde el valor público y la planificación representan los valores más valiosos para recuperar una ciudad y construir ciudadanía. No solamente se perdió el concepto de ciudad, también su patrimonio y actividades culturales referidas a cultivos en huertos familiares y urbanos.

Hoy, la ciudad caos pasa por momentos difíciles, y las familias se enfrentan a pagar precios de caprichos de productos regionales, cuyo peso en valor comercial en los mercados se encuentran más caros que aquellos productos extra regionales que forman parte de la canasta básica de consumo de alimentos. Los casos del pepino (s/2 la unidad), tomate (4 unidades por s/3), ají charapita (s/5 la bolsita de 50 ajís), ají dulce (3 unidades por s/2), culantro (s/2 de 6 ramitas) de y otros productos locales, son ahora artículos de lujo, y todos ellos son plantaciones silvestres sin ningún esfuerzo
productivo, sin embargo sus precios son de miedo. Son varias las razones que explican tamaño fenómeno, unos van por el tema de la estación climática, otros por el tipo de suelo, el patrón cultural del campesinado, y otros, la más cercana hipótesis con mayor acierto, se encuentran en la cadena de comercialización, donde los rematistas (profesionales de la especulación y de dinero fácil pagando míseros precios por los productos rurales) son los que manejan la oferta de productos, y donde las instituciones públicas relacionadas al sector se encuentran en la dimensión de  promover actividades  económicas del campo de mayor tamaño. Si no pueden promover una agricultura familiar y urbana, en lo pequeño y de gran impacto social, menos podrán tener éxito en promover la tan mencionada seguridad alimentaria donde se gastan millones de soles anuales para mejorar, según ellos, calidad de vida de las familias rurales. 

Promover la agricultura familiar urbana debería ser tan prioritario como lo es para los alcaldes, sus proyectos de pistas, veredas y plazas; entrando también en este trabajo articulado el sector agricultura, dejando atrás sus demonios y esfuerzo sectorial de escaso resultado, donde demostró, en décadas, su apatía y falto de visión de desarrollo planificado.

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