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SEROPREVALENCIA COVID-19 Y ENFOQUE COMUNITARIO

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¿Qué tan cerca estamos de la inmunidad de rebaño?

El Ministerio de Salud (Minsa) ha informado que a partir de la “segunda semana de octubre iniciará un estudio de seroprevalencia a nivel nacional para estimar la cantidad de peruanos que han estado expuestos al Covid-19”. El estudio se realizará en todas las regiones del país y se espera tener los resultados durante la primera quincena de noviembre. Como sabemos, se han realizado, en julio de 2020, estudios previos de seroprevalencia en Iquitos, que arrojaron una tasa de 75%; también en Lima, con el 25%, y en Lambayeque, con 29.8% de prevalencia. La iniciativa del Minsa es tardía porque ya se han tomado medidas para implementar la cuarta fase de la reactivación económica sin contar con esa información. Además, el propio presidente de la República ha adelantado cifras probables de seroprevalencia, sobre la base de extrapolaciones y del descenso del número de casos. 

A pesar del retraso, es una buena noticia, porque estos estudios de seroprevalencia deben ser realizados en modo continuo, para seguir el paso de la pandemia y, de esa manera, obtener información más fiable que incremente la eficacia y la eficiencia de la capacidad de respuesta del Sistema Nacional de Salud ante la pandemia. El estudio de seroprevalencia permite conocer la cantidad de gente que ya ha entrado en contacto con el virus, e implica elegir una muestra estadística, tipo encuesta. Es decir, un universo representativo de toda la población peruana, que luego de realizarse las pruebas serológicas (las pruebas rápidas) que buscan anticuerpos en la sangre, se proyectan los resultados, no solo a nivel nacional, sino también a nivel regional y local. Es así que ya en julio de este año, por ejemplo, Iquitos, arrojaba una cifra de 71% de prevalencia. 

Es necesario remarcar que las pruebas que se realizan a los enfermos que acuden a los establecimientos de salud nos permiten contabilizar el número de contagiados, pero no nos indican la proporción de la población que ya ha tenido contacto con el virus y que, por tanto, ya es portadora de anticuerpos y de respuesta inmunitaria. Es decir, las pruebas serológicas utilizadas con fines de diagnóstico y tratamiento de pacientes no se pueden adicionar o considerar en los estudios de seroprevalencia. Además, no se han tomado pruebas a los casos leves ni a los moderados, que no han llegado a los establecimientos de salud; y menos aún a los asintomáticos. El estudio de seroprevalencia confirmará, lo que es obvio, que el número de los casos reales de infectados es superior al número que ha reportado hasta la fecha el propio Minsa. 

Sin embargo, existe la necesidad de prever si es posible aún, una “nueva ola” de contagios –y de ser el caso, la magnitud– mediante el conocimiento de las personas que aún quedan susceptibles de enfermar por el Covid-19. El estudio de seroprevalencia nos proveerá esa respuesta. El propio Gobierno trabaja con un alto nivel de incertidumbre. Además, los funcionarios señalan que es probable una nueva ola; no obstante, han tomado la decisión de empezar la cuarta fase de la reactivación económica, que conlleva un aumento progresivo de las aglomeraciones. Es decir, dan un doble discurso, un mensaje confuso, que pone en aprietos a la población.

El estudio de seroprevalencia, también nos permitirá saber qué tan cerca estamos de la inmunidad de rebaño. El Minsa no ha difundido ese objetivo específico; sin embargo, es la esperanza de la población. Como se sabe, con un 70% de inmunidad de la población, el contagio del virus de persona a persona se dificulta, se corta la transmisión, porque los inmunizados protegen a los que aún restan infectarse. Esta esperanza no es lejana debido al enorme número de contagiados y fallecidos reportados. Y también por las condiciones de hacinamiento de las viviendas, la precariedad en la salubridad, la informalidad económica y social que obliga a la aglomeración, y una pirámide poblacional más ancha en la población joven y adulto joven. Estos elementos, que al inicio fueron una enorme desventaja para combatir la transmisión de la pandemia, ahora –debido a la magnitud de la propagación del virus– podrían transformarse en una fortaleza. Es decir, alcanzar la inmunidad de rebaño.

El cuestionamiento mayor a la inmunidad de rebaño es su solidez y la sostenibilidad en el tiempo. Las respuestas aún son inciertas debido a que el virus es nuevo, tiene 10 escasos meses. Hasta la fecha, los datos son esperanzadores. Los casos de reinfección son muy escasos y los reportes a veces no son concluyentes. El Gobierno tampoco ha dado mensajes claros con relación a la inmunidad de rebaño. Es obvio que no es el mejor escenario para que el Gobierno demuestre su capacidad en la gestión de la pandemia. 

Las medidas preventivas, el suministro de medicamentos y las vacunas son necesarios para combatir las pandemias. Sin embargo, cuando un virus es nuevo, no hay tratamientos específicos ni vacunas. En el mejor de los casos, se necesita tiempo para la investigación, aprobación, producción, distribución y su aplicación. La única medida eficaz desde el inicio es la prevención, con enfoque comunitario. No obstante, el Gobierno hizo todo lo contrario. Desconfió de la organización comunitaria y cerró los puestos y centros de salud. El enfoque hospitalario, militar y policial del Gobierno ha fracasado.

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