MOVILIDAD SOCIAL

Redacción 06 de mayo del 2019 - 4:50 PM

Por Roger Grández Ríos – Director del  Instituto de Desarrollo Socioeconómico (IDS) – Loreto

Una empresa para ser prospera y derramar beneficios (tanto para sus socios como para la sociedad) debe considerar como aspectos básicos y fundamentales: rentabilidad y sostenibilidad. Y la rentabilidad como un incentivo a corto plazo para ir escalando posiciones en el mercado y en sus clientes; y la sostenibilidad, porque tiene que tener un norte y pensar en el futuro, tener un horizonte concreto para ir evolucionando, transformándose en pasos concretos para irse adaptándose a los rápidos cambios tecnológicos y los que acompañan a este proceso, como son los cambios demográficos y sus diversas tonalidades, la posición de los recursos naturales, la transformación de las ciudades, cambio climático y la gobernabilidad democrática acompañada de una ciudadanía en ascenso, más proclive a una participación activa en las decisiones públicas como fuente promisoria para alcanzar la igualdad.

Las sociedades también tienen lo suyo, combinan su satisfacción con la inmediatez, con los resultados tempranos aunque estos no siempre suelen alcanzar una rentabilidad social expresada en la satisfacción de sus necesidades mínimas elementales, como es la alimentación y cobertura social de calidad; de ahí que gran parte de la sociedad y sus ciudadanos alcanzan un alto grado de insatisfacción y lo tienen que manifestar de algún modo y de alguna forma: reclamos, protestas e inseguridad son expresiones diarias y de diferentes magnitudes a pesar de
tener a un Estado que manifiesta un gran sentido al diálogo, muestra tolerancia (a veces cobardía) y se pavonea de sus logros inmediatos que no logra resaltar por la inmadurez de una clase política y de instituciones escasamente comunicadoras. En el corto plazo no hay rentabilidad y allí se va perdiendo el sentido más elemental de la existencia misma: el ser humano y su existencia, su futuro. La sostenibilidad social pierde importancia porque la insatisfacción ciudadana, a corto plazo, le envuelve en su propia trama y en sus indefiniciones y pierde el sentido de ir definiendo su propia trayectoria como sociedad progresista que quiere asistir a un futuro con prosperidad de la mano con ciudadanos comprometidos. Entonces, sin rentabilidad social y sin sostenibilidad, es muy poco lo que se puede esperar para el futuro.

De acuerdo a los resultados definitivos del censo 2017, en la Amazonía la migración neta, entendida aquellos territorios que “expulsan” y “atraen” tuvo resultados, en apariencia, positiva. Así, los departamentos que mayor población “expulsaron” fueron Amazonas (10 mil personas) y Loreto (7 mil personas) como consecuencia de una insatisfacción social y material que no logra pasar la franja roja de un estado y de sus instituciones que no interpretaron las necesidades públicas más urgentes de la población y cómo satisfacerlas. En el otro extremo, se presenta Madre de Dios cuyo territorio “atrajo” a 1 mil personas, y si bien es un espacio con virtudes naturales excelentes, su atractivo no precisamente son esas. La minería informal, la depredación indiscriminada de su territorio y de un tráfico ilegal de personas son, en el extremo, su principal atractivo. San Martin y Ucayali, son los atractivos naturales de la amazonia y tienen un dominio sobre su territorio, juntos atrajeron a 20 mil personas en el periodo intercensal 2007-2017 y tienen un estilo de crecimiento, si bien parecido, no son iguales: la generación del empleo, una mejor plataforma social, una base productiva y una cobertura en infraestructura básica le empuñaron a ciudades como Pucallpa y Tarapoto como la mejor opción, de mejora social y de compromiso articulado para con sus ciudadanos. Y este avance es un proceso, todavía inmaduro, pero que muestra resultados concretos frente a otros territorios cuyo retroceso se manifiesta en una carencia de necesidades y de una insatisfacción social.

La movilidad demográfica, ya sea por “atracción” o “expulsión”, realizo cambios sociales de distintas maneras y con distintas magnitudes. En Ucayali y San Martín se manifiestan por un tejido social mayor cohesionado y relacionado a la tenencia de tierras y al cambio de uso del
suelo que elevaron un patrón empresarial más animado a emprender nuevos retos con alto riesgo ambiental, este esfuerzo es acompañado por unos arreglos institucionales que manifiesta arraigo en sus quehaceres con el objetivo de encaminar al territorio hacia un progreso social y económico. En el periodo 2007-2017 la producción regional de San Martín creció a una tasa promedio de 8% mientras que Ucayali lo hizo en 4% y es un indicador que demuestran su alto grado de rentabilidad y retorno de sus inversiones (públicos y privados) con responsabilidad y también perfila una sostenibilidad que garantiza un futuro más próspero.

En Loreto, la movilidad demográfica se orientó en varios frentes de su vasto territorio y dispersa población. Por el frente de la Provincia de Ucayali (Contamana) la “atracción” es la madera ilegal que movilizó mano de obra precaria e inversiones informales; en el frente de la frontera de la Provincia de Ramón Castilla (Caballo Cocha) la producción de hoja de coca “atrajo” mano de obra joven (“raspachines”) sobre la base de una industria de la coca que traspasa frontera; en el frente de la frontera de la provincia del Putumayo (El Estrecho) la madera ilegal y la inseguridad ciudadana obligó al gobierno a implementar un dispositivo de seguridad denominado Armagedón. Estas dinámicas poblacionales no propulsaron cambios sociales de avanzada, al contrario lo retrasa e ignora su futuro, se confunde con el presente y valora su rentabilidad actual por lo significativo de sus inversiones.

Sin embargo, otro grupo de movilidad demográfica se observa en 4 distintos lugares en el ámbito de Loreto y todos ellos territorios petroleros. En la provincia del Datem del Marañon (Andoas y Morona) y la provincia de Loreto (Trompeteros y Tigre) los cambios demográficos configuraron un territorio donde la convulsión social está a tope, en el filo de la navaja. En los últimos 30 años la “atracción” del petróleo y sus beneficios impuso condiciones al territorio que no necesariamente son las necesidades que quieren y desean las poblaciones originarias; pero que si requieren cambios sustanciales físicos y ambientales que vayan de la mano con una sociedad con sentido de pertenencia, que obtengan rentabilidad social y sostenibilidad. Eso es lo que no existe, no llegamos a ese nivel de entendimiento. Los múltiples esfuerzos institucionales no generan respuestas sociales donde cada ciudadano sienta que su territorio aspira a cambios distintos a lo que vienen experimentando en el presente. En la provincia de Requena (Puinahua) y Maynas (Napo) la movilidad demográfica está comenzando, y en los próximos años la configuración social va a cambiar. Allí se tienen que hacer cambios auténticos y de arranque, donde la sociedad y sus ciudadanos sientan que sus instituciones interactúan y que cada paso tiene un sentido y una orientación y miren al futuro de distinta manera. Andoas-Morona y Trompeteros-Tigre avanzaron en el tiempo y sin que las partes interesadas sepan, en el tiempo, cuál es su rol, su función y su compromiso; de ahí que el temor por la intervención institucional aún no es aceptado por sus ciudadanos, y los conflictos están latentes. 

La movilidad social tiene que generar cambios conductuales, de actuación y de presencia de un territorio vivible y gobernable. Ese es su esencia.