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LA RUEDA DE LA FORTUNA O EL RESULTADO DEL PODER

LA RUEDA DE LA FORTUNA O EL RESULTADO DEL PODER

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La ilusión del “buen Congreso”.

En los últimos meses estuve revisando varias fuentes sobre prospectiva (la futurología o prospectiva política hiper multivariada es la menos estudiada), tratando de salir del hoyo en que nos hunde la opinión pública que nos construyen día a día, desde la gran prensa hasta algunas redes bien articuladas y otras que parecen espontáneas. Gracias a un amigo de valiosa experiencia periodística puedo revisar 52 primeras planas de prensa escrita de Lima y provincias, como se decía antes, y luego ver el interior de algunos de estos medios, porque salvo excepciones de Lima y otras tres ciudades, la mayoría repite lo de sus portadas con detalles que han dejado en la prehistoria al lenguaje innovador de Última Hora, a la que no hay un “trome” que supere en seriedad.

Mientras tanto, estimo que la campaña electoral del 2021 ya empezó con encuestas publicadas sobre preferencias para Presidente de la República, y en pocos meses arranca el período legal. ¿Dios ayuda a quien madruga? ¿Se preparan corralitos de opinión? Este asunto no es poca cosa. El Congreso que se votará el 26 del presente es pieza clave de los ajedreces electorales y de los que juegan al Go, según su poder y estilo de ejercerlo. Cómo resulte conformado, determinará o inducirá arreglos de poder internos y externos fáciles y otros como el salmón torrente arriba.

Una mayoría de electores sigue entre abstención, nulidad o no ir a votar; al menos quienes no están legalmente obligados, pocos no son. Aunque ¡cuidado! puedo dar fe de multa por ausentismo sin obligación de votar por superar la edad de ley. Se palpa cansancio y alejamiento de la ciudadanía, cuyas mayorías pobres enfrentan más dificultades para satisfacer sus necesidades humanas básicas, cuando lo que más ha aumentado incluso para personas de clases medias que van a centros comerciales y supermercados, son los precios y compras con tarjetas de crédito, casi a la par que distintas formas de inseguridad ciudadana y delitos contra el cuerpo, la salud, la vida y precarios bienes. 

Desde distintas instancias de autoridad e intereses públicos y privados se lanzan campañas y estímulos para acudir a votar por distintas razones. Desde aquellos que han expresado que la semana que termina es decisiva para reducir la decisión en la fila, según antecedentes, para suscitar más votantes en su favor, hasta quienes quieren alejar el fantasmita de la nulidad legal por insuficiencia de votos válidos. Los primeros navegan en su barco: el voto preferencial, que por debilidad de los partidos inscriptos incrementaría la dispersión. Si esto se da con fuerza es factor para reflexionar con encuestas a la mano, también con otras fuentes, aun con las reservas de rigor. 

Pasarían la valla electoral Acción Popular, Fuerza Popular, Partido Morado, Alianza para el Progreso y Somos Perú. Pero si no consiguen 5% de votos válidos o siete electos, no serían parte de la repartición de escaños. De los demás que aparecen cerca, insisto, en encuestas publicadas con pequeñas variaciones entre ellas, solo quiero mencionar al PAP o APRA, Frente Amplio y Juntos por el Perú, porque es una evidencia que, de contar con parlamentarios, podrían ser personas varias de ellas, con muchos peros en contra bien ganados. Varias son personas con experiencia parlamentaria, en los gobiernos central, regional, provincial, en el mundo internacional o su mundo profesional, aunque su popularidad sea muy baja o el descrédito muy alto, repito por factores propios y ajenos o combinados.

Justamente ese tipo de personas pueden animar la gestión parlamentaria en favor o en contra de las agendas que tengan, principalmente de lo que busquen en contra o en favor de algo o alguien. Esta tendencia y hábito no puede ser obviada, máxime por las circunstancias polémicas, de guerras políticas que existen y muy probablemente, mayor turbulencia por venir. Remarco la evidencia de que entre los partidos legales, valga la expresión, hay varones y mujeres capaces que podrían ser preferidos estén o no como cabeza o cola de lista u ostenten un número cabalístico. En ellos se podrá depositar alguna confianza, pues no tienen sino una cuota parte, no son el poder, para la dirección y gestión del Congreso complementario del disuelto en el período constitucional.   

Pero hay más, inseparablemente más: en esta campaña electoral sui generis casi ningún candidato ha manifestado que su responsabilidad, compromiso o quehacer fundamental será representar el interés público de los ciudadanos y peruanos no ciudadanos aun, legislar ejemplarmente y fiscalizar debidamente, con ley ciencia y técnica a la mano, la gestión del Poder Ejecutivo y las actuaciones de los otros poderes del Estado, entes constitucionales y otros de acuerdo a la Constitución y leyes vigentes, incluidas aquellas originadas en convenios o tratados internacionales debidamente ratificados. Las ofertas van desde propuestas para encarar problemas sentidos y evidentes con leyes inaplicables. ¡Mi clasificación es muy amplia, como el desconocimiento evidenciado sobre la responsabilidad y roles del Congreso y sus miembros, más aún de la dinámica en la aplicación del Reglamento del Congreso y el tempo político constitucional. Eso no se va a aprender en poco más de un año calendario. Ni se elige para que vayan a la escuela parlamentaria! Para comenzar heredan del Congreso disuelto, cuyo hecho político y legal acompañará a propios y extraños, no solo en lo inmediato, en el mediano plazo sino en una larga duración hacia adelante, no solo por su gestación y ocurrencia, sino por la ratificada innovación constitucional decidida cuatro a tres. ¿Quién no sabe que eso se ha dado en medio de arreglos, desarreglos y guerras políticas en el mundo institucional, donde las guerras políticas internas amarradas a externas, del Brasil, para el caso, dejan muchísimo por investigar y conocer bien, discreta y públicamente? Es evidente como este verano que esas guerras entre grupos nativos, extranjeros e internacionales económicos, empresariales, judiciales, políticos, gravitarán bien, mal o peor en nuestro futuro. 

Una consecuencia por venir es que nuevas generaciones tendrán que enmendar los desarreglos de la privatización de lo público, las corrupciones, la policialización de la administración de justicia, la judicialización de la política en una sociedad en que grupos con enorme poder de decisión e influencia, muestran agendas alejadas de cuestiones vitales como mejores inversiones, presupuestos y modos de gestión pública, privada y mixta nacional y transnacional, ante el tremendo cambio climático complejo, interterritorial, multisectorial, una globalización fracturada y la brutal desigualdad económica y social que ya Davos no puede maquillar, a la par que el gigantesco armamentismo cuyos compradores también somos.

Los próximos congresistas, mujeres y varones, probablemente algunas personas con opción de género diferente a la de la inmensa mayoría de peruanos, varones y mujeres, valga la redundancia, tienen ante sí 45 Decretos de Urgencia de 2019 y al 22 de enero 2020 doce más, así como una docena de proyectos de ley de reformas institucionales, que vienen del período del disuelto Congreso. Sumemos un presupuesto récord, los próximos tenderán a más de lo mismo si no hay crisis fiscal, y centenares de transferencias a terceros, reglamentaciones de interés público, ejecución de contratos en departamentos, llamados regiones, y aun distritos que resultan de interés nacional, como el caso de exploraciones petroleras y mineras que si no se hacen no habrá incremento de la cartera productiva, ni por ende mejores procesos productivos, circulares, con arreglo a nuevos criterios internacionales de sostenibilidad integral. ¿Seguiremos aumentando la compra de hidrocarburos y usando un diésel de la peor calidad? 

El Congreso, todos los próximos, deben informar, investigar, evaluar, fiscalizar y legislar para transformar el “modelo de desarrollo”. Ojo. A esto llevan en parte algunas decisiones de planes de gobierno del Poder Ejecutivo que pocos han leído y aún menos estudiado, sea que se esté o no en favor de medidas en el campo de gestión con enfoque llamado hoy territorial y que es el viejo “acondicionamiento del territorio y planeamiento y gestión regional” que no es sinónimo de departamento. 

Más allá de esta línea y de propósitos de reforma constitucional puntuales, digamos no polémicos, que no entren en las guerras de que hablo, es muy probable que de llegar dos de los tres partidos legales cercanos a la valla electoral, según encuestas y otras fuentes, se presente al menos un proyecto que alteraría el escenario: el cambio del régimen económico de la Constitución y por ende consecuentes leyes sustantivas. Está ofrecido. Veremos qué pasa.

La Comisión Permanente ha revisado cinco Decretos de Urgencia del total que va en aumento y tipología. No conozco las recomendaciones, que es su deber realizar. El Congreso que será elegido, supuesto negado que no haya causal que lo impida, deberá por tanto dedicarse por vera razón de Estado, de Constitución y de transparente interés público aunque no tenga rango de nacional, al pronto y serio estudio, evaluación y decisión sobre los proyectos de ley en materia constitucional y de urgencia. Más aún si la Comisión Permanente no se pronuncia sobre Decretos de Urgencia. 

He escuchado a pocas personas, poquísimas, referirse a estas claves de una nueva ilusión del buen Congreso. Inclusive quienes son personas mejor preparadas para este “período especial”, hay sobrada evidencia y alimentaría el juego del voto preferencial porque es una de las claves más fuertes en este proceso, han tenido que hacer campaña como para un Congreso del 2021. Conociendo algo de nuestra idiosincrasia y hábitos electorales no me sorprendería que personas respetables y calificadas obtengan menos votos que los desconocidos o faranduleros de siempre. Como la inseguridad jurídica, la variación de estándares legales o innovaciones parece haberse extendido, hasta la víspera sabremos de algunas candidaturas. Aprisionados o enceguecidos por el mercadeo, información y comunicación cotidianas, (“marketing and communication”), que incluye desde los procesos judiciales hasta las pastorales eclesiásticas, poco tratamos de vernos, donde estaremos y como vamos hacia uno u otro escenario probable atendiendo al devenir de las instituciones, para luego juzgar y actuar.

Hay instituciones clave, ayer y hoy, que poco han cambiado, como el Banco Central de Reserva, creado el 9 de marzo de 1922 y recreado el 3 de setiembre de 1931, y otras que también evidencian ser de “existencia forzada”, habiendo varios menús que se mueven entre el reformismo inmediato o de mediano plazo y las utopías, algunas renovadas teológicamente y otras siguen el juego de tronos de este mundanal ruido, cuyos poderes globales se van desplazando al filo de navajas.

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