IMPORTANTE O URGENTE

Redacción 05 de abril del 2019 - 9:21 AM

Por Ántero Flores-Aráoz

El tema de las reformas judiciales y políticas son importantes, no creo que nadie lo quiera negar, empero ellas no nos deben confundir ni distraer de lo qué si es urgente, pues de poco o nada servirán las reformas enunciadas en genérico, si es que no se resuelven los problemas que son urgentes y que más nos preocupan.

Si bien no se puede confiar absolutamente en las encuestas, como si sus datos fuesen irrefutables, son un buen termómetro que nos permite a grandes rasgos, conocer que es lo que más preocupa a los ciudadanos y, por tanto, como se deberían atender sus angustias.

Lo que más altera a la ciudadanía es la falta de seguridad en todo el país, ello expresado en asaltos en la calle y en las carreteras, en los domicilios, en bancos y también en centros comerciales. Por el robo de un teléfono celular, el afectado puede terminar herido, si es que no sin vida. ¿Algo se está haciendo por mejor la situación? Creo que sí aunque todavía insuficiente.

El tema de la salud es otro de los que más inquieta a la población, no solo por carencia de centros hospitalarios y postas médicas suficientes, sino porque las existentes, preocupantemente, ni se dan abasto ni dan por lo general el servicio que merecen los pacientes y, encima, no siempre cuentan con los medicamentos que allí mismo se prescriben. Y lo que más mortifica es el irrespeto a los enfermos, a los que se atiende después de semanas o meses desde que pidieron la cita médica. En EsSalud si se notan cambios, así como realismo al reconocer que, si no cuentan con suficientes centros de salud, hay que contratar atención de terceros.

La falta de empleo es otro de los factores que alarman a la ciudadanía, pues cada año salen de escuelas, institutos y universidades miles de miles de personas a la búsqueda de empleo, sin lograr conseguirlo.  Esto podría ser por lo menos atenuado, si es que desde el Estado se hubieran destrabado tantos proyectos, que sea por conflictos artificiales, sean por exceso de tramitología o por la indolencia burocrática, no se logran poner en marcha, lo que se agrava por el temor de las autoridades de asumir las responsabilidades que les compete.

Ayudaría también a mejorar la situación general, si es que se reducen sustancialmente los trámites inútiles o repetitivos y, además, se adoptan medidas prácticas para la formalización del sector informal, que también debe tributar. Por lo demás hay que terminar por el prurito de perturbar al empresariado formal con tanta e inútil fiscalización en que se asume que la presunción no es de inocencia sino de culpabilidad.

La lucha anticorrupción debe mejorarse, pero su punición no debe interferir en la conclusión de obras que se encuentran paralizadas, llamando si la atención a la ciudadanía que no se deje atolondrar por reformas a futuro, importantes por cierto, pero que no tienen la urgencia de resolver los agobiantes temas a los que nos hemos referido.