GUERRAS Y PANDEMIA

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El mundo en que nos ha tocado en suerte vivir, es sumamente complicado, por decir lo menos y, desde cuándo la Historia lo registra, siempre ha habido guerras en diversos confines del universo, tanto por razones como por pretextos, pero los tiempos de paz mundial son escasos, por cierto.
Ansiamos la paz, pero no hemos hecho lo suficiente para lograrla, pese a que hemos creado organismos internacionales para prevenir los conflictos entre las naciones, aunque sin resultados auspiciosos.
No solo requerimos paz externa, es decir entre países, sino también en lo interno, en que la pobreza no ha sido totalmente desplazada por el desarrollo. Este último, principalmente activo por el Sector Privado, eleva los niveles de vida de la población para la satisfacción de sus necesidades.  
En el globo terráqueo existen millones y millones de personas en la pobreza, con viviendas inhóspitas y tugurizadas, sin servicios básicos como agua, alcantarillado, luz y comunicaciones. Peor aún, carencia de oportunidades laborales y, cuando las hay, no necesariamente se trata de empleo digno, sino precario. 
La vocación de confrontación internacional y, la pobreza, son enemigos de la paz y, ella genera violencia y conflictos. Si a ello se agrega la pandemia del COVID 19 que estamos padeciendo en el mundo, en que, por el aislamiento domiciliario y diversas medidas para mitigarlo, se han perdido millones de empleos y, poblaciones numerosas han quedado sin recursos, nos obliga a replantear el futuro.
El Papa Francisco (La Vida después de la Pandemia – Librería Editrice Vaticana) nos llama a “sembrar esperanza” y a “reconstruir un mundo nuevo”, señalando que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino juntos. Al mismo tiempo nos dice que “… este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia”. En buena cuenta es un llamamiento a la solidaridad.
Lo que estamos viviendo, genera dos principales corrientes de actitud, una la positiva, en que se hace un alto en el camino y se piensa en un mundo diferente para compartir, en que sean los valores y la paz internacional y social, los que guíen nuestras acciones, buscando la aún no lograda paz social y se acorten diferencias con la elevación de estándar de vida de los menos favorecidos. Necesitamos un mejor mundo en que se expulse el egoísmo, la inequidad y la injusticia, para dar paso a la generosidad, equidad y justicia, además con destierro de la corrupción que tanto daño nos ha ocasionado.
Otra de las corrientes y, es sumamente preocupante, es el pensamiento de importantes sectores de población joven, que expresan que, viviendo en un mundo impredecible, como lo demuestra la pandemia que sufrimos, no sabemos cuánto viviremos y por ello hay que disfrutar mientras se pueda. Esto es puro hedonismo que envenena el alma, en que no hay nada que trascienda, sino las vivencias del presente.
Hay una gran tarea para vencer este último pensamiento, de solo presente y con desprecio del futuro, que lo creemos trascendente y debemos luchar por él.

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