EL VOTO PELIGROSO

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Escribe Julio Failoc Rivas

A diecisiete días de las elecciones congresales al parecer nada está definido, salvo algunos pocos fijos que podemos a atrevernos a especular que pueden pasar la valla electoral por las razones que hemos venido sosteniendo en artículos anteriores. Los relativamente fijos para pasar la valla electoral son muy pocos y pueden ser contados con los dedos de una mano: Acción Popular, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, Frente Amplio y el Partido Morado. Pueden ser dos o tres más, pero eso va a depender de la cantidad de votos nulos y blancos que se logre alcanzar al final de conteo electoral.  

La avalancha de votos nulos y blancos -nunca antes visto en la historia de los procesos electorales – producto de la desconfianza y la desinformación de los electores, favorecen a una gran parte de partidos políticos tradicionales, no solo porque reduce, en términos absolutos, la cantidad de votos necesarios para pasar la valla electoral, sino porque también les podría permitir obtener una mayor cantidad de curules en el congreso de la república.

Es decir, a mayor cantidad de votos nulos y blancos, los partidos tradicionales tienen mayores posibilidades de retornar al congreso. La única forma de impedir el retorno de los “disueltos” es votando por cualquiera de los partidos que no pertenezcan a éstos.

Un ejemplo puede esclarecer lo que estamos tratando. Si tenemos una población electoral de dos mil votos, tenemos que, si votaran la totalidad de electores, para alcanzar la valla electoral del 5% se requeriría 100 votos.  Pero, ¿qué ocurre cuando el 50% de los pobladores decide votar nulo y blanco? En este caso, los votos nulos y blancos, no se consideran, de manera que el 5% ya no se calcula sobre los dos mil votos, sino solo sobre los mil votos que son considerados por el JNE como válidos. O sea, la valla electoral no requiere de 100 votos, sino solo de 50 votos, es decir la mitad de votos de lo que se necesitaba. Algo parecido ocurre con los votos necesarios para ser elegido congresista. Supongamos que votan –como el caso anterior-  dos mil votantes para elegir a 100 congresistas. Esto significa que para ser elegido congresista se necesita 100 votos. Ahora bien, si el 50% vota nulo y blanco, como el caso anterior, ya no se necesitaría 100 votos para ser elegido, sino solo la mitad, es decir 50 votos.

Así están las cosas, por ahora, y dudo que las cosas cambien significativamente a un poco más de dos semanas del proceso electoral. Es posible que los votos nulos y blancos se reduzcan, pero no sé qué tanto como para evitar que la actual metodología de la cifra repartidora no termine de favorecer a los partidos tradicionales que se resisten al cambio y a hacer política de la buena y al servicio del bien común.

Solo me queda la esperanza de que el congreso a elegir este 26 de enero no sea peor que el disuelto en octubre del año pasado. Salvo que haya peores congresistas que los Becerriles, Betetas, Mamanis, etc. O que puedan retornar gente tan malsana como la Bartra o Mulder.

Que la cifra repartidora y los votos nulos y blancos no lo permitan, ¿o sí?         

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