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¿DERROTADOS LOS GOLPISTAS?

¿DERROTADOS LOS GOLPISTAS?

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Yo creo que no. Amparados en la consigna “Democracia sí, comunismo, no” la batalla para quienes desconocieron los resultados antes de que se dieran el conteo final recién empieza. Si hay algo que junta al fujimorismo con la derecha extrema que cada día se embrutece más por el odio, macartismo, desprecio y racismo, es una campaña siniestra para tirarse abajo el gobierno de Castillo una vez que asuma su mandato. Si es antes, mucho mejor, y si no dejan que se lo proclame antes de 28 de julio, habrán cumplido con su cometido.

Nos están llevando al abismo donde todos perdemos –sobre todo, la gente más necesitada que votó por Castillo y que no tiene como sostenerse en pandemia– con argumentos que cada día tienen menos sentido. ¿No será venganza?, como lo afirmó Rafael López Aliaga en una entrevista con Milagros Leyva cuando sugirió que Julio Velarde debió dejar –hace un mes– que flote el dólar a seis soles, para que la gente pobre sepa qué nos depara el futuro con un gobierno de Castillo.

El fujimorismo ha entendido que la suerte de su candidata está echada, razón por la cual deben de evitar la proclamación a Castillo y en ello coinciden tanto la derecha extrema como la moderada y algunas personalidades que se proclaman “salvadores de la democracia”. Allí, luego de la caída de Arce tienen a Víctor Rodríguez Monteza como su última carta para bloquear la proclamación de Castillo.  Hasta la semana pasada, este magistrado solo había revisado un par de los noventa y dos de casos que tenía, quedándole, además, cuarenta y ocho resoluciones por firmar, mientras sus tres pares del JNE había terminado con el trabajo. Tal era el escándalo, por el retraso, que no le quedó otra más que culminar con los pendientes este martes último. Ahora empieza la cuenta regresiva para proclamar a Pedro Castillo como Presidente del Bicentenario. 

Allí Castillo incurre en el error del silencio y la inmovilidad política del candidato, tal como lo percibe Vicente Sánchez en su artículo El gran vacío: “Mientras su némesis desayuna, come y cena complotando para que él no asuma el 28 de julio, el “prosor” hace de todo menos política en las ligas mayores. Estos son tiempos en que incluso la proclamación tiene que ser un objetivo político que lograr. El poder –en tanto energía pura– nunca se siente a gusto con la inercia y no espera proclamación: se ejerce. Resultado: indecisión y falta de reflejos que desconciertan a su base social”.

Por su lado, la mayoría congresal golpista formaba también parte de la conspiración con su intento fallido de capturar el Tribunal Constitucional y dejar expedita una mayoría favorable a la vacancia contra Pedro Castillo, además de blindarse de las enésimas infracciones a la constitución que hicieron durante su mandato. Pero nada de ello les funcionó, porque, tal como lo señala Gerardo Távara en su columna, Tribunal Constitucional: Crónica de una captura que no prosperó… “en su premura no previeron que se presentaría una acción de amparo y una medida cautelar que el poder judicial admitió ordenando al Congreso suspender la elección de magistrados del TC”. El argumento central de la acción de amparo fue que la comisión había omitido un aspecto esencial de su propio reglamento: publicar la motivación del puntaje asignado por cada uno de sus integrantes a cada postulante.

Entre los argumentos más vergonzosos –señala Rafael Díaz en su artículo de la presente edición– tenemos la del Presidente de la Comisión de Constitución y Reglamento, Luis Valdez, quien sin una pizca de vergüenza durante una entrevista en el programa “Cara a Cara” se animó a realizar una comparación absurda, diciendo que “es como aceptar que un juez hoy ordinario de primera instancia, establezca la nulidad del proceso de elecciones y de la segunda vuelta porque el JNE tenga que presentar las actas. Y esa intromisión a la función del JNE es la misma que hoy está haciendo esta juez suplente supernumeraria contra el Parlamento”.

La declaración de Valdez es solo una muestra no solo de desconocimiento que tienen los congresistas sobre el tema, sino que también devela las intenciones de desconocer el proceso electoral y de conspirar contra los resultados. Menos mal que ha sido un intento fallido que será trasladado al próximo Congreso, que no dudamos tomará la posta en esta misma dirección y con más fuerza.

En el mismo sentido escribe Oscar Vásquez en su artículo La última batalla: “La principal línea de ataque es obstruir desde el Congreso toda reforma con el sambenito del comunismo, crear un clima de zozobra buscando la oportunidad para vacar a un Presidente que ganó las elecciones con un supuesto fraude. Para consolidar este objetivo el tribunal Constitucional es la pieza clave, por eso se mandaron con todo intentando colocar a sus alfiles. No, no es este Congreso, son los tentáculos siniestros de los grupos de poder agazapados en las sombras, esperando el momento propicio para dar el zarpazo que les devuelva la capacidad de manejar los hilos de esos fantoches que hoy se llenan la boca con la palabra democracia”.

Reiteramos, no están derrotados, están solo heridos en el ego de haber sido derrotados por un humilde profesor de primaria, rondero de vocación y campesino de oficio, que come lo que siembra y que ingenuamente ha empeñado su palabra de maestro que no habrá más pobres en un país rico. 

Finalmente, como lo dice coloquialmente el doctor Sotil, en el artículo que intitula La hora es la hora, “es hora de que la elección acabe e inicie el nuevo quinquenio y los próximos 100 años de vida republicana. Esta semana el JNE hará la proclamación y la hora le llegará a Pedro Castillo para empezar la transición oficial, con todo lo que esto traiga. Será la hora de tomar decisiones que incluyen formar su gabinete y definir sus primeras medidas. Será la hora de decidir si seguirá con lo de cambiar la Constitución lanzándose a la piscina de panza y sin saber nadar, o darse cuenta que ese programa no va en esta coyuntura; que hay temas más importantes que atender como el contrarrestar la campaña de odio y desconfianza planteada por la derecha nunca antes tan bruta y achorada; y peor aún, reforzada por las “notables” intervenciones del Sr. Cerrón y el Sr. Bermejo, y promovida desde el exterior por el Nobel –ayer púgil revolucionario y hoy rancio aristócrata–«.

Desde esta humilde columna invocamos a la serenidad, la paz y al reconocimiento de la voluntad popular que permita reencontrarnos a todos los peruanos en el bicentenario.

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