BLANCO QUE INDIGNA

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Muchos ciudadanos que queremos lo mejor para nuestro país, comenzando por la formación de los jóvenes, tanto en valores morales como cívicos, nos ha causado indignación que el Ministerio de Cultura, haya entregado un estímulo económico a los productores de un largometraje sobre la vida de Hugo Blanco.

Normalmente, las obras biográficas, sean de narración escrita, de transmisión oral o por imágenes (en este caso fílmicas), se refieren a la vida y obra de algún personaje que haya dejado huella positiva. En el caso de Hugo Blanco solo se puede relatar su vida, más no su obra porque simplemente no la hay y, su huella, penosamente negativa.

A quienes hemos protestado por el apoyo brindado por el Ministerio de Cultura, nos han dicho poco mas o menos “por qué tanto salto si el suelo está parejo”, Empero, el caso es que el suelo no está parejo y, ello, por varias razones.

La primera es de quién se trata la obra fílmica, en buen romance, ¿quién es Hugo Blanco Galdós? Es una persona nacida en el Cuzco en la década de los años 30, cuya niñez la pasó en el campo, donde fue testigo de mucha violencia y abusos a los campesinos del sector agrario, que pudo ser la causa de su rebeldía contra el sistema, epero que no podía justificar los actos de violencia de los que más tarde fue autor, ni de acciones delictivas en que perdieron la vida, agentes del orden. El trotskista Blanco, no era de modo alguno un Robin Hood nativo.

La lucha por la justicia social, de modo alguno justifica el vandalismo, la perpetración de delito, las acciones contra propiedad pública y privada, ni en intentos por destrozar nuestro sistema democrático para implantar el comunismo marxista.

La segunda, porque si bien con buen criterio, la Ley General del Presupuesto General de la República para el 2019, autorizó al Ministerio de Cultura a otorgar estímulos económicos a quienes promuevan actividades culturales y artísticas y, dentro de ellas, proyectos para la distribución de largometrajes cinematográficos, evidentemente no puede ser para cualquier proyecto, sino para los culturales. Por donde se le mire, la vida de Hugo Blanco en nada enriquece nuestra cultura.

Porque no podemos entender como cultura cualquier manifestación formal, como podrían ser buenas tomas fílmicas o excelentes caracterizaciones de personales o, simplemente bien narrados documentales, sino se tiene que ir al fondo y este es la vida de una persona que no requerimos sea financiada con recursos públicos.

Los recursos presupuestales que emplea el Ministerio de Cultura, se originan en nuestros impuestos y, los contribuyentes, con legítimo derecho, nos indignamos cuando ellos se emplean mal.
El Ministerio de Cultura fue creado para “la promoción, defensa, protección, y puesta en valor de las manifestaciones culturales”. La vida de Hugo Blanco no calza en nada de ello.

Una pena que, con pocas excepciones, en diez años de existencia el Ministerio en cuestión solo se haya dedicado a entregar distinciones y a declarar patrimonio cultural a todo lo que se le ocurre.

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