ANULAN EMPLEOS

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Como el Ministerio de Trabajo no se daba abasto para la labor de fiscalización de los centros de labores y, estaban de moda las superintendencias, pues se creó también una en el Sector Trabajo, más conocida por la sigla SUNAFIL (Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral) que se ha convertido en el cuco de los centros laborales, pues lejos de ayudar con la formalización y por lo menos el cumplimiento básico de la normatividad laboral, se limitan a sancionar, esto es multa por aquí, multa por allá, cierres temporales o definitivos de centros de trabajo, o sea todo lo contrario a generar fuentes de trabajo.

Estamos por supuesto de acuerdo en que las normas están para cumplirse, pero también es cierto que, tratándose de las laborales, tenemos que ser lo suficientemente amplios para entender que en nuestra patria el empleo formal es el menor, pero que es muchísimo más grande el sector informal y, no porque se bendiga la informalidad, sino porque el exceso normativo empuja a empleadores y trabajadores a la informalidad.

Se entiende perfectamente que exista una fiscalización severa en lo que se trate de medidas de protección y reducción de riesgos, para personal que tiene trabajo, pero lo que no puede entenderse que por excesos fiscalizadores se pierdan puestos de trabajo.

Como los ejemplos son ilustrativos les diré lo que me motivó a redactar la presente columna y fue la consulta de un inquilino en un condominio, que me dio a conocer un formulario que había recibido de SUNAFIL, inquiriendo sobre el cumplimiento de normas de trabajo, para una persona que individualmente hacía ronda nocturna en la cuadra en que está el condominio, y cada propietario, inquilino o simple ocupante de las viviendas le entregaba todos los meses una reducida cantidad, que sumada a la de los otros, por lo menos le permitía al “guardián” vivir con cierto decoro con su familia y afrontar los gastos de su hogar.  En buena cuenta el “guardián” o custodio privado había hecho su “chanchita”.

El formulario era terrorífico, preguntaba por el registro de empleador, sobre las planillas y boletas de pago, sobre los pagos de seguridad social, las deducciones por sistema pensionario y si este era el público o el privado. En fin, solo faltaba que preguntasen sobre marca de la ropa interior del “empleador” o el del lápiz labial de la “empleadora” y, no sigo, pues trato de amortiguar nuestra percepción de la afiebrada falta de lucidez de quien diseñó el formulario.

El abogado laboralista del Estudio del que formo parte, le dijo al amigo que consultaba lo que tenía que hacer para la formalización, comenzando por constituir la junta de propietarios del condominio y su inscripción en los Registros Públicos, sacar el Registro Unico de Contribuyente de la Junta de Propietarios, para luego dicha junta tuviese la calidad de empleador, y cumpliese con todas las formalidades laborales, desde la planilla electrónica, pasando por extender las boletas de pago, cotizar a EsSalud, contratar seguro de vida y accidentes, retener cotizaciones para el sistema previsional, depositar bancariamente dos veces al año las CTS y, en fin, el cúmulo de obligaciones que conlleva la formalidad.

Días después nos enteramos qué los vecinos habían decidido prescindir de los servicios del guardián, ergo se perdió un puesto de trabajo, que no era ninguna maravilla, pero sostenía a una familia, aunque no sé si peruana o venezolana.  Saque Ud. querido lector sus propias conclusiones.