ALTO A LA VIOLENCIA

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Pocos días atrás, a un kilómetro de la ciudad de Espinar en el departamento del Cuzco, en el Corredor Vial del Sur, donde transitan principalmente los vehículos que transportan mineral desde los yacimientos mineros, sea a plantas de concentrados sea a puertos de embarque, un camión y otro vehículo, fueron violentados e incendiados y, otros vehículos del convoy, apedreados. Se puso en peligro la integridad y vida de sus ocupantes, quienes vienen siendo atendidos de las lesiones infligidas.

En adición a los delincuenciales hechos mencionados anteriormente, los promotores de los disturbios bloquearon vías de comunicación, impidiendo el traslado de personas y bienes, además de ocasionar daños a la economía de la región.

Pretextos siempre los habrá, pero lo cierto es que ya estamos creciditos para creer que todo lo señalado fue circunstancial y, que era simple coincidencia, cuando el recién juramentado Gabinete Ministerial diseñaba nuevas estrategias para destrabar la indispensable inversión minera, que permitirá paliar las graves consecuencias económicas originadas en la crisis sanitaria que afecta a todo el Perú.

La realidad es que con pretextos o sin ellos, lo que tratan los antisociales de corazón y actuar rojo, es impedir la inversión generadora de trabajo, pues mientras haya pobreza, desesperanza y carencia de oportunidades laborales, será más fácil someter al país para lograr sus torvos propósitos y aspiraciones de terminar con nuestro sistema democrático unido a una sana economía social de mercado.

Penosamente volvemos a ser testigos de la indolencia de nuestras autoridades, las que convierten en letra muerta las garantías y derechos que consagra la Constitución del Estado. De qué sirve que se nos refriegue mañana, tarde y noche, que tenemos derecho a la paz y a la tranquilidad, también a la seguridad personal y al libre transito y, que se establezca que el Estado debe defender a la población. De nada sirve todo ello, como lo acabamos de advertir, siendo veraz el dicho de que ° del dicho al hecho, hay mucho trecho”.

Una y otra vez se repiten los mismos hechos y el Estado aletargado, sin poner coto a las acciones delictivas y antisociales, en el fondo estimula a que ellas se repitan. Los perpetradores de los actos delincuenciales antes acotados, ya deberían estar identificados y procesados y en prisión. Estamos hasta la coronilla que la violencia se repita una y otra vez y que incluso, actos como los de Bagua de hace mas de diez años, en que se le quitó la vida a decenas de guardianes del orden, estén en libertad como si fuesen mansas palomitas.

Mientras en la capital de la República, el Presidente del Consejo de Ministros se fotografía con el patriarca de la democracia y política peruana, tratándose de ganar la foto y, en paralelo el Congreso en “Belén con los pastores”, en Espinar siguen interrumpidas las vías de comunicación, en todo el país avanza la pandemia y la economía en deterioro cotidiano. Hasta Kafka se hubiese sorprendido.

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