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ABOGACÍA: PROFESIÓN DE RIESGO

ABOGACÍA: PROFESIÓN DE RIESGO

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Por Ántero Flores-Aráoz

Quienes creían que los técnicos en destrucción de minas explosivas, era una de las profesiones más riesgosas, que podían competir con los astronautas y también con los más famosos “clavadistas” de Acapulco, pues se equivocaron.  Hoy en día hay una profesión sumamente riesgosa en el Perú y es la de abogado.

Los abogados, sobre todo los que ejercen defensa penal, que no es el caso del autor de esta nota, están siendo objeto de infinidad de riesgos y abusos. En efecto hay miembros del Ministerio Público y del Poder Judicial que tratan a los abogados como cómplices de sus clientes o patrocinados, cuando únicamente son defensores.

Se llega a veces a amenazar a los abogados para que denuncien a sus clientes o declaren contra ellos, con notorio abuso de poder, y hasta diríamos con afán de incriminar a sus defendidos ante el derecho del procesado o investigado de no culparse.

Se insiste en que el abogado colisione con los derechos de sus defendidos y, lo que es peor hay trato vejatorio al presentarlos como “cómplices de sus defendidos” cuando no instigadores de delito o apañadores de sus clientes que confiaron en sus defensores.

El secreto profesional que es a la vez derecho, pero también obligación, lo han hecho prácticamente polvo cósmico, con voluntario “olvido” que divulgar la información recibida bajo secreto profesional (que es sacrosanto) constituye delito tipificado en nuestro Código Penal.

El colmo de los colmos es allanar los consultorios o estudios de los profesionales abogados, entrometiéndose en sus archivos bajo el pretexto de búsqueda de documentos contables, y con  la consecuencia de que al buscar información del patrocinado “a” también están viendo archivos de otros defendidos, como se dice de la “b” a la “z”, y tomando conocimiento de archivos también protegidos por el secreto profesional, y que pueden contener información confidencial, privada y hasta íntima que por mandato constitucional debe ser reservada, además de cautelada.

Pero allí no queda el peligro, pues últimas disposiciones legales, supuestamente anti elusivas tributarias, están afectando a los abogados a quienes la administración tributaria quiere convertirlos en policía, obligándolos a sospechar de sus clientes, dando incluso información que es, sin lugar a dudas, secreto profesional.

Basta ya de tanto abuso, tenemos que recuperar la prestancia de la profesión de abogado y, a los profesionales del Derecho, tratarlos como auxiliares de la justicia y no cómplices de delito.

Es indispensable poner la casa en orden, pues atentar contra el secreto profesional no solo agravia a los abogados, sino que también atenta contra los legítimos derechos de los defendidos, los que quedan a merced de magistrados prevaricadores. ¡Basta ya!

 

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