Fuente: ANDINA
Por primera vez, se podrá hacer un árbol evolutivo de los manatíes en la proto-Amazonía
Lima, 27 de Agosto de 2026.- La tercera expedición científica en busca del origen de la biodiversidad amazónica en la región Loreto empezó con buen pie. Lo que parecía ser una roca más al borde del río Amazonas, en el centro poblado de Orán, se trataba de un tesoro para la ciencia, que guarda valiosa información que los investigadores deberán desentrañar.
El sábado 22 de agosto, alrededor de las 16:00 horas, el equipo multidisciplinario liderado por el paleontólogo peruano Rodolfo Salas-Gismondi, de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) y jefe del Departamento de Paleontología de Vertebrados del Museo de Historia Natural (MHN) de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), llegó a la zona de afloramientos El Cascajal, en pleno río Amazonas.
“Pensábamos dar una vuelta para reconocer la zona y no sabes, me crucé con el cráneo de un manatí, de un sirenio. Al comienzo no sabíamos qué era, estaba metido en la roca, parecía un nódulo, una roca más; nuestro guía Michel [Valles] pensaba que era una roca, pero a mí me pareció que era un hueso”, narra a la agencia Andina.
El científico peruano lo miró un poco desconcertado, recuerda. “Decidí romper un pedacito para ver la estructura y confirmé que era hueso. Se trataba del cráneo completo de un mamífero. Todo el equipo empezó a excavar y tratar de exponerlo antes de que oscurezca; a medida que avanzaba la limpieza surgían más dudas; parecía un perezoso”, reconoce.
El esmalte: elemento diferenciador
“Al llegar al hotel, me puse a sacar el sedimento de donde suponía estaban los dientes y apareció el esmalte, lo que demostró que no era un perezoso como habíamos pensado”, señala.
Los dientes de los perezosos no tienen esmalte; son cilíndricos, sencillos y reducidos. “Están formados por otro tipo de estructuras de tejidos que se llaman osteodentina y vasodentina; el tejido más duro de los dientes de los perezosos es la osteodentina, el esmalte es algo que perdieron sus ancestros, los armadillos, hace millones de años”, detalla.
Precisa que los dientes de los manatíes, con esmalte, se llaman bunolofodontes; tienen cúspides redondeadas sobre crestas transversales, típicos de la especie y de sus parientes, algunos mastodontes.
Salas-Gismondi señala que “no existe ningún cráneo de manatí fósil de la proto-Amazonía, ni en todo Sudamérica”.
“Estamos buscando el origen de la diversidad amazónica y es tal cual; los manatíes existen hasta ahora, pero nadie sabe cómo eran en el Mioceno medio. Se han encontrado dientes, costillas, pedazos de mandíbula, pero no se sabe cómo eran. Ahora tenemos un cráneo completo con todos sus dientes”, destaca.
Hace algunos años, recuerda, se encontró en Colombia un pedazo de mandíbula con dientes y así se describió el género Potamosirem, y en el Perú se hizo lo propio con un diente procedente de la selva. La colección del Museo de Historia Natural tiene otro diente hallado en el río Napo.
“Todos los hallazgos han sido restos tan fragmentarios que no permiten tener una imagen clara de cuántas especies había ni sus relaciones de parentesco. En realidad, los dientes aislados ayudan, pero no son tan diagnósticos”, afirma.
A ello se debe “el poco conocimiento que tenemos de los manatíes fósiles”. “Esta será la primera vez en que se podrá hacer un árbol evolutivo de los manatíes en la proto-Amazonía, y eso es sumamente interesante”, sentencia en diálogo con la agencia Andina.
El científico sostiene que lo más importante de este hallazgo es que el manatí “es uno de los animales menos conocidos”.
“En ese momento no sabemos bien de qué se trata, pero sabemos que estamos cerca de entender un poco más cómo estos animales invadieron la proto-Amazonía hace millones de años. Este fósil debe tener más de 13 millones de años, tal vez 14 o 15 millones de años; los estudios lo confirmarán”, sentencia.
Advierte que “la historia evolutiva de estos animales en la proto-Amazonía es una de las menos conocidas. Es una pieza fundamental para entender la evolución de los manatíes en la Amazonía”.
Por eso, el descubrimiento causó enorme emoción entre los científicos. “Estábamos realmente felices; hemos celebrado, hemos cantado. No te puedes imaginar”, confiesa.
¿Cómo es el cráneo fósil del manatí?
El cráneo del manatí estaba cubierto con sedimentos y metido en la roca, en el borde del río Amazonas, en afloramientos de El Cascajal, en la localidad de Orán, en el distrito de Las Amazonas, provincia loretana de Maynas. Se veía muy poco, por lo que parecía una roca más.
“Ahora se nota que es un cráneo de forma diferente a la del manatí que vive en la Amazonía, así que el fósil —de unos 25 centímetros de ancho y 35 centímetros de largo— debe tener mucha información. Era muy robusto, la punta del hocico parece que se ha erosionado, pero el resto del cráneo está impecable, completo”, describe.
En la actualidad, el hábitat de los manatíes abarca el mar Caribe hasta el norte de Sudamérica, en aguas principalmente marinas y marino-costeras. También ingresan a los ríos. Es una especie hermana de la que vive en la Amazonía.
“Hay otra especie de manatí en África; lo que se piensa es que los manatíes, originalmente, fueron de aguas marinas e invadieron ambientes de agua dulce hace millones de años y esa invasión dio origen a las formas que viven en África y en Sudamérica”, explica.
¿Cómo habría llegado el manatí?
Salas-Gismondi refiere que los manatíes ingresan del mar, probablemente desde el Caribe, porque en ese lugar habitaban hace millones de años manatíes y dugones, los dos grupos de sirenios.
Los sirenios son animales acuáticos, herbívoros, que se alimentan de pastos marinos y de algas. Se cree que sucedió algo parecido a lo de Pebanista yacuruna, el delfín más grande que habitó el planeta y lo hizo en la proto-Amazonía.
“No podemos evitar hacer el paralelo. El Pebanista también ingresa a la proto-Amazonía desde el mar, a un partir de ancestro marino. Este [manatí] también debió haber sido así. Todas son hipótesis, basadas en lo que se conoce como algunos dientes y costillas, pero nunca se había encontrado un cráneo completo. Es la primera vez que tenemos esta oportunidad”, remarca.











