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DURA TAREA POLICIAL

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ETO A LA POLICÍA NACIONAL”, clamábamos por el necesario reconocimiento a la Policía Nacional del Perú, que, como institución conformada por abnegadas y sacrificadas personas, velaban por la seguridad interna del Perú y de su población, así como mantenían el orden interno, y de ser el caso cumplían con la tarea de recuperarlo, por supuesto en adición a la investigación y persecución del delito en tareas aliadas con el Ministerio Público.
Hoy nos tiene que llamar a la reflexión, dos hechos sumamente importantes relacionados con la Policía. 
El primero, la incursión terrorista en el poblado ayacuchano de Pucacolpa, en que fueron secuestrados miembros de la familia Curiñaupa Curo, integrantes del Comité de Autodefensa de la zona que colaboraba con la Policía, cuatro de los cuales fueron torturados y cruelmente asesinados.
El segundo la muerte del cabecilla terrorista Jorge Quispe Palomino, comúnmente llamado “Camarada Raúl”, luego de enfrentamientos con elementos combinados de nuestras Fuerzas Armadas y PNP en el VRAEM.
La primera reflexión es que los remanentes terroristas no han sido aún avasallados y que, si bien se venció al grueso de la actividad terrorista, aún están activos los remanentes a los que nos hemos referido, y que se requiere de un esfuerzo sostenido y redoblado de nuestras fuerzas del orden en cooperación con las Fuerzas Armadas, para lograr la victoria final y recuperar la tranquilidad del país.
La coordinación y responsabilidad compartida ente Fuerzas Armadas y PNP, es esencial, pues se combate a grupos terroristas que al mismo tiempo son narcotraficantes. En efecto, en un inicio los terroristas dieron protección armada a los narcotraficantes para luego ascender de categoría y convertirse en socios y, por último, sustituirlos como carteles de la droga.
La ayuda a las Fuerzas Armadas y PNP desde la población civil, en zonas de confrontación es esencial, pues otorgan la información de inteligencia, requerida para el combate. El conseguir colaboradores desde la población civil, es una tarea de suyo esencial que realiza la Policía y las FFAA para desterrar suspicacias e involucrarlos en la tarea.
Cuando en la lucha contra los remanentes del terror, se producen daños colaterales, lamentablemente no se tiene en cuenta la importantísima labor policial-militar, y se les tiene en vilo con procesos judiciales por años y años, atentándose contra su tranquilidad personal y familiar, estrés profesional, postergaciones para ascensos y muchos otros perjuicios.  Las consecuencias, obviamente es que pueden dejar de poner el hombro e inhibirse de actuar para no sufrir nuevamente lo que hemos relatado.
Si bien es verdad que hay casos singulares de inconductas policiales, ello no puede llevarnos a falsas generalizaciones ni menos inhibirnos a darles el reconocimiento adecuado a nuestras Fuerzas Armadas y Policiales y, a quienes colaboran con ellas, en la recuperación de la tranquilidad del país y de su población.  Allí tenemos héroes, tanto anónimos como con nombre propio, a quienes debemos rendirles homenaje, sin confundirlos por cierto, con supuestos héroes, con comportamiento muy distante del verdadero heroísmo.

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