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CONFIANZA Y DESCONFIANZA

CONFIANZA Y DESCONFIANZA

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La Economía está íntimamente relacionada con la confianza y la desconfianza y, esto es mera observación, no se requiere para advertirlo ser economista ni tener diplomados, maestrías ni doctorados sobre la materia como tampoco haber estudiado y ser graduado en la laureada Escuela Económica de Londres.

Miren un poco en forma retrospectiva el comportamiento de la Economía en los últimos meses, en relación con los anuncios de la dirigencia del Partido Perú Libre y de quienes desde el 28 de julio último tienen la responsabilidad del gobierno nacional.

En efecto, cuando las personas a que nos referimos clamaban a los cuatro vientos por la reforma integral de la Constitución, por expropiar y nacionalizar unidades operativas de diferentes actividades empresariales, por distribuir lo que no se tiene, por dejar de lado los tratados internacionales sobre libre comercio y aumentar los tributos; automáticamente comenzó la pérdida del valor de nuestro signo monetario frente al dólar americano, la subida de precios, el incremento de la inflación, los mayores costos financieros y diversos otros indicadores económico-financieros.

Si a lo expresado se le agregaba el nombramiento para altos cargos gubernamentales a personas sin talla ni perfil para ello y, además el Congreso confrontaba con el Ejecutivo respecto a la censura de algún o algunos ministros frente a la amenaza de su disolución, la cosa se agravó.

Por otro lado, cuando vemos que el presidente de la República actúa en forma célere y sin mayores decibeles, para sacar del gabinete ministerial al ministro del trabajo, aprovechando la ocasión para deshacerse de otros “inquilinos” casi precarios de los ministerios, los guarismos económicos y financieros comienzan a revertir para bien.

Cuando ya no se escuchan anuncios temerarios y perturbadores de un primer ministro cuyos modales no han sido enseñados por Carreño, cuando el presidente de la República menciona que no hay apuro para el cambio constitucional no siendo por lo demás prioritario, cuando este mismo principal servidor público anuncia en Washington y Nueva York su intención de facilitar las inversiones, cuando la premier demuestra buenos modales y ánimo concertador y, además habiendo sido confirmado en la presidencia del Banco Central de Reserva, un economista ortodoxo de gran prestigio como Julio Velarde, todo comienza a variar.

Como prueba de lo antes mencionado, tenemos la reacción y comportamiento positivo de los indicativos económicos, entre estos el inicio de la recuperación del sol frente al dólar, resultados positivos en la bolsa, menor intensidad en las redes sociales de los comentarios adversos contra el gobierno por sus desatinos, intención de reactivación del turismo interno y así podríamos seguir relatando.

En resumen, para medir resultados económicos, además de las motivaciones y causas objetivas, a ellas se suman las subjetivas como la confianza o desconfianza en el gobierno.  Si hay confianza la situación mejora, pero si hay desconfianza, claramente empeora. Como vemos de la forma de conducirse el gobierno nacional, depende muchísimo que exista confianza o no.  Sin confianza no habrá inversión, sin inversión no habrá trabajo y sin trabajo tampoco existirá bienestar. 

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