RCR, 03 de septiembre 2026.- El comportamiento de las condiciones oceanográficas durante septiembre será determinante para conocer cómo evoluciona el Niño Costero 2026 hacia la costa peruana, afirmó el oceanógrafo Luis Icochea Salas, exdirector del Instituto del Mar del Perú.
El especialista recomendó calma y cautela frente a las proyecciones de un Niño de carácter extraordinario y sostuvo que aún es necesario observar la evolución del fenómeno en el Pacífico.
“Estamos esperando qué va a pasar este mes de septiembre, en que acaba el supuesto enfriamiento por el invierno. Hasta ahora no es tan positivo, pero hay que ver en cuánto va a ayudar a que se enfríe la situación actual en la costa, que es muy distinto a cuando llegue el Niño si llegara en el verano”, afirmó Icochea en Red de Comunicación Regional (RCR).
Explicó que los pronósticos internacionales no necesariamente reflejan el comportamiento que tendrá el fenómeno frente al litoral peruano. Recordó que en 2015 se proyectaba un Niño de gran magnitud a escala mundial, pero su impacto en el Perú fue diferente al esperado, por lo que consideró necesario analizar los datos en tiempo real y compararlos con episodios anteriores.
“Lo más trágico sería que lleguen las aguas calientes por la zona norte del Perú y se propaguen hacia el sur y haya lluvias torrenciales en los primeros meses del año que viene”, señaló.
Las aguas están cálidas
El riesgo de lluvias extremas dependerá de la temperatura que alcancen las aguas frente a la costa peruana. Icochea explicó que, aunque actualmente el mar registra temperaturas superiores a las normales, durante el invierno todavía se mantiene en valores que no generan por sí mismos condiciones para lluvias intensas.
“Actualmente en Perú, por más que esté toda la costa en más de 4-5 grados por encima de lo normal, como es invierno, las temperaturas del mar están a 22-23 grados a lo largo de toda la costa, que no son temperaturas de lluvias”, precisó.
Según el oceanógrafo, el escenario cambiaría si las aguas cálidas que avanzan desde el Pacífico alcanzan el litoral peruano y elevan la temperatura del mar. “Originarias por el mar, que alcance temperaturas de mayores de 26-27 grados, recién ahí empieza el peligro de lluvias”, explicó, al diferenciar las condiciones actuales del escenario que podría presentarse durante el verano 2027.
Prevención y pesca
Ante la posibilidad de un cambio en las condiciones oceanográficas, Icochea sostuvo que todavía existe un margen de varios meses para adoptar medidas preventivas. “Hay que tomar calma y sí, estar precavidos. Tenemos 4-5 meses todavía para seguir cuidándonos de lo que se viene”, afirmó.
Planteó que las lluvias también podrían representar una oportunidad para un país cuya costa presenta condiciones desérticas, siempre que exista capacidad para almacenar el recurso hídrico. Citó como antecedente El Niño 1983 y El Niño 1997-1998, en los que se produjeron cambios importantes en el territorio, y recordó que durante 1997 se formó la laguna La Niña en Piura.
En el sector pesquero, las condiciones actuales no afectan por igual a todas las especies. Icochea señaló que existe abundancia de pota, mientras que el perico inició anticipadamente su temporada; además, destacó el buen desempeño del bonito durante agosto para los pescadores artesanales y mencionó la presencia de jurel, caballa y atún como recursos que pueden ser aprovechados.
El caso de la anchoveta es diferente ya que enfrenta dificultades. “La que está sufriendo es la anchoveta, pero no porque se haya muerto, sino que está a profundidades donde es imposible pescarla con red boliche”, afirmó el profesor de Oceanografía General y Oceanografía Pesquera de la Universidad Agraria La Molina.
En el caso de la pota, Icochea reportó que ya se habrían extraído unas 700 mil toneladas y explicó que la abundancia del recurso ha coincidido con una caída de los precios en los mercados nacional e internacional, situación que desincentiva a pescadores y empresarios. Propuso que el Estado evalúe mecanismos para distribuir en el mercado interno el excedente que no se exporta, mediante procesos de congelamiento y utilizando plantas que actualmente se encuentran ociosas.













