El próximo 7 de junio, el electorado peruano volverá a las urnas en una segunda vuelta que enfrentará a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y Roberto Sánchez (Podemos Perú) por el Palacio de Gobierno.
Para Fujimori, este balotaje representa una nueva oportunidad de la que dice sentirse orgullosa.
No obstante, sobre su campaña pesa una persistente afirmación reiterada por ella misma en debates: la premisa de que, al no haber alcanzado nunca la presidencia, su partido jamás ha gobernado en los últimos 25 años.
Formalmente, el argumento es irrebatible. Fuerza Popular nunca ha administrado de forma directa el aparato estatal desde el Ejecutivo.
Sin embargo, la realidad política reciente demuestra que gobernar no es un ejercicio exclusivo del presidente. A través de un control y una influencia dominante en el Congreso durante múltiples periodos, el fujimorismo ha marcado de manera determinante el rumbo del país.
El ejemplo más claro ocurrió en 2016, cuando Fuerza Popular obtuvo una mayoría absoluta de 73 congresistas.
Desde el Parlamento se ejerció un poder de facto que obstaculizó políticas públicas y forzó la renuncia del presidente Pedro Pablo Kuczynski en 2018.
Esta dinámica de «gobernar desde el Congreso» se replicó tras los comicios de 2021. Mediante el uso constante de vacancias, inhabilitaciones y censuras, el Legislativo subordinó a un Ejecutivo debilitado, alterando el equilibrio de poderes e imponiendo su propia agenda.
Esta influencia se evidencia incluso en la composición del actual gabinete. El ministro de Defensa, Amadeo Flores Carcagno, se desempeñó formalmente como asesor en el Congreso para la bancada de Fuerza Popular (específicamente junto a la parlamentaria Rosángela Barbarán) entre 2021 y 2023, mostrando el nexo directo entre el ala legislativa fujimorista y la gestión pública activa.
Hoy en día, este dominio se traduce en un Parlamento que influye en la designación de altas autoridades, interviene en el sistema universitario y otros sectores, condiciona entes técnicos sin apenas contrapesos.
Por ende, ante la pregunta de si Keiko Fujimori no ha gobernado el Perú, la respuesta formal es no; pero políticamente, el fujimorismo ha ejercido un poder tan gravitante desde el Congreso que ha dirigido, de facto, los destinos de la nación.