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TAIMADOS

TAIMADOS

Los votos que se estaban sumando para la censura de Maraví podían convertirse en votos para la vacancia de Pedro Castillo, le dice un informante a Fernando Vivas que, en su crónica sobre la salida de Guido Bellido e Íber Maraví, anota ese “comprensible miedo” como una de las razones que lo impulsaron a deshacerse de sus adictos. (“El Comercio”, 9/10/21).

En efecto, en las últimas semanas eran cada vez más las voces -incluyendo las de congresistas- que señalaban que la vacancia era el único camino viable para acabar con el desgobierno propiciado por Castillo, Bellido, Vladimir Cerrón y otros fantoches que infestan el Gobierno, su bancada y su partido.

Así las cosas, Castillo cedió a la presión y expectoró a algunos de los impresentables para reemplazarlos con otros similares. Como dijo Mike Reid, de The Economist, “creo que sería un error pensar que el nuevo gabinete representa un movimiento al centro. Representa una izquierda radical pero más ordenada y experimentada.”

Porque los nuevos siguen siendo extremistas como Mirtha Vásquez, una antiminera que junto con el excura Marco Arana y otros causó un enorme daño al país arruinando la minería en Cajamarca y que, como sus congéneres de las izquierdas, es una pertinaz partidaria de la asamblea constituyente como el vehículo para instaurar una dictadura chavista.

O como Carlos Gallardo, un connotado miembro del sindicato senderista en el magisterio, que ahora ocupa el Ministerio de Educación. O Luis Barranzuela, que no solo tiene un nutrido prontuario -un pésimo ex policía atiborrado de sanciones- con acusaciones fiscales por delitos, sino que es un agitador contra la erradicación de la coca ilegal y por la instalación de una constituyente. Además de ser abogado de los procesados Cerrón y Guillermo Bermejo.

Vivas, en la narración de los entretelones de la crisis, describe la doblez y deslealtad con la que se desempeña Castillo y lo define como “taimado”. Una acertada apreciación del personaje. Y de su gente, habría que agregar.

Taimado es “bellaco, astuto, disimulado”. A su vez, bellaco significa “malo, pícaro, ruin”. Astuto es “hábil para engañar, para lograr artificiosamente cualquier fin”. Y disimulado el “que por hábito o carácter disimula o no da a entender lo que siente”.

En verdad, Castillo y sus secuaces calzan perfectamente con todas esas acepciones.

Mienten y engañan con descaro, como cuando niegan sus evidentes relaciones con Sendero Luminoso de Abimael Guzmán, unos, y con los terroristas del Vraem, otros.

Y mientras avanzan en su propósito de instalar una asamblea constituyente, recorriendo el país, usando fondos públicos para su campaña y mintiendo cínicamente sobre las características de la actual Constitución y lo que significaría la que ellos proponen, fingen no estar embarcados en ese empeño, que supuestamente ahora no es prioritario para ellos.

Habría que ser necio para creerles, como fueron ingenuos los venezolanos que creyeron que Hugo Chávez no haría lo que hizo, hasta que fue muy tarde.

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