- Decano de la Facultad de Ingeniería Civil de la UNI, Miguel Estrada, advierte que más del 70% de las viviendas en Perú han sido construidas de manera informal.
RCR, 11 de agosto 2026.- El terremoto de 7,4 registrado en Colombia, y antes en Venezuela, reaviva la preocupación por la actividad sísmica en la región. El Perú se ubica dentro del Cinturón de Fuego y la ocurrencia de un gran sismo frente a Lima ya no está en discusión, asegura el ingeniero Miguel Estrada, decano de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y exministro de Vivienda, Construcción y Saneamiento.
En diálogo con Red de Comunicación Regional (RCR), Estrada consideró que el terremoto que golpearía las costas de Lima y Callao superaría los 8 grados de magnitud, por encima de los terremotos recientes en Colombia y Venezuela.
Frente a ese escenario, los distritos de Chorrillos, Villa El Salvador y Ventanilla se ubican entre las zonas con mayor riesgo, debido a que sus suelos blandos amplifican las ondas sísmicas.
«Son varios parámetros que los ingenieros civiles utilizamos para determinar si una vivienda va a colapsar o no ante un gran sismo. Uno de los factores por los cuales las edificaciones fallan es por el tipo de suelo. Los tipos de suelos diferentes responden de diferente manera a las ondas sísmicas. Suelos compactos y duros no amplifican las ondas sísmicas. Suelos blandos y arenosos amplifican las ondas sísmicas. ¿Y dónde están las zonas de suelos blandos en Lima? En Chorrillos, Villa El Salvador, y el distrito de Mi Perú y Ventanilla, en el Callao, también tiene suelos blandos», expresó Estrada.
No todo el territorio limeño enfrenta el mismo nivel de riesgo. Según el ingeniero, existen distritos con condiciones geológicas más favorables. «Magdalena, San Miguel, el centro de Lima, San Isidro tenemos ahí suelos muy buenos, no son rocosos, pero son bastante compactos», explicó.
Alta informalidad en las viviendas
Más allá del tipo de suelo, Estrada advirtió que el país arrastra un problema estructural. «El 70%, o sea, 4 millones 200 mil viviendas han sido construidas de manera informal y siguen construyéndose de manera informal. Esas viviendas son altamente vulnerables ante un sismo», afirmó.
Las normas técnicas también constituyen un elemento central. Los criterios de diseño sismorresistente han cambiado con el tiempo a partir de las lecciones obtenidas de terremotos anteriores, por lo que la antigüedad de una estructura es relevante para establecer su nivel de vulnerabilidad.
Revisar los edificios antiguos
“Si tenemos un edificio de los años 70, 80 hay que revisarlo, pero si tenemos un edificio que ha sido construido actualmente, ¿para qué lo voy a revisar? Si es que, este, se supone, se supone, que ha habido, este, una supervisión de parte de la municipalidad, ha habido un expediente técnico y un proyecto de ingeniería que la municipalidad local lo ha revisado y le ha dado la autorización para construirlo. El problema está en edificios antiguos y en las viviendas autoconstruidas”, sostuvo.
No estamos preparados para un terremoto
Ante ese panorama, fue tajante sobre la capacidad actual de respuesta: «No estamos preparados para poder enfrentar a un sismo de tal magnitud»
El decano planteó la posibilidad de un programa nacional de reducción de vulnerabilidad sísmica, financiado a través del fondo Mi Vivienda, pero advirtió sobre sus límites. «Tampoco todo se puede reforzar porque hay viviendas que están tan mal hechas o tan mal ubicadas que el costo de ese reforzamiento sería excesivo», precisó.
En ese sentido, situó el origen del problema en dos frentes específicos: «El problema está en edificios antiguos y en las viviendas autoconstruidas», sostuvo, al diferenciar este grupo de las edificaciones modernas de gran altura en distritos como Jesús María, Miraflores o La Molina, que sí cuentan con supervisión de ingenieros civiles.
«Para que un edificio, una edificación, una infraestructura cualquiera colapse, son muchos, realmente muchos factores», explicó Estrada. Entre ellos mencionó la magnitud, el tipo de suelo, la distancia al hipocentro, la duración del movimiento y la resonancia entre las ondas sísmicas y el periodo de vibración de cada estructura.
A ello se suma la antigüedad de las edificaciones. «Cada vez que ocurre un sismo, nosotros los ingenieros civiles aprendemos, aprendemos cómo colapsó o cómo se dañó una edificación, y eso luego hacemos un estudio, una investigación, y luego lo trasladamos a una norma técnica», detalló, en referencia a la actualización constante de la Norma de Diseño Sismorresistente.
Una solución multisectorial
Ante la ocurrencia de un terremoto en el Perú, Estrada planteó una solución multisectorial e intersectorial que involucre al Ministerio de Vivienda y Construcción en redes de agua y desagüe, al Ministerio de Transportes en pistas y veredas, al Ministerio de Energía y Minas en redes de gas, al Ministerio de Educación y al Ministerio de Salud en colegios y hospitales, y al Ministerio de Agricultura en sistemas de riego. La coordinación entre estos sectores, subrayó, debe liderarla la presidencia del Consejo de Ministros.












