Fuente: Diario Voces
Tarapoto, 12 de Mayo 2026.- A pocos días de celebrar su 25.º aniversario, el Parque Nacional Cordillera Azul se consolida como una de las reservas ecológicas más importantes del Perú, no solo por su extraordinaria biodiversidad, sino por garantizar agua y vida a cientos de comunidades amazónicas frente al avance de la tala y la minería ilegal.
En la inmensa franja de bosques que divide las cuencas de los ríos Huallaga y Ucayali se levanta uno de los patrimonios naturales más valiosos del país: el Parque Nacional Cordillera Azul. Esta área natural protegida, que el próximo 21 de mayo celebrará sus 25 años de creación, se ha convertido en el gran motor ecológico que asegura el abastecimiento de agua para más de 300 mil personas en la Amazonía peruana.
Con una extensión superior a 1.3 millones de hectáreas de bosques de selva alta prácticamente intactos, el parque funciona como una gigantesca fábrica natural de agua. En este territorio nacen ríos y quebradas que abastecen de manera directa a más de 200 comunidades, cifra que puede alcanzar hasta 400 poblados en toda su zona de amortiguamiento.
El jefe del área protegida, Gustavo Montoya Gamarra, destacó la importancia de este ecosistema para la vida y la economía regional. “Estamos cumpliendo ya prácticamente veinticinco años administrando un patrimonio de todos los peruanos y peruanas”, señaló al referirse al papel estratégico que cumple el parque en la conservación de las fuentes hídricas amazónicas.
El servicio ecosistémico que brinda el parque permite garantizar agua de calidad para el consumo humano y sostiene actividades agrícolas fundamentales para miles de familias, especialmente en sectores productivos como el Bajo Biavo, donde la disponibilidad de recursos hídricos resulta indispensable para la economía local.
La protección de esta gigantesca reserva natural demanda un trabajo permanente de vigilancia y articulación comunitaria. Más de 50 guardaparques recorren la compleja geografía de la cordillera para enfrentar amenazas como la tala ilegal y la minería ilegal, actividades que ponen en riesgo la estabilidad ambiental de toda la región amazónica.
“Ellos están alejados muchas veces de sus familias para, justamente, poder reducir la tala y la minería ilegal”, reconoció Montoya Gamarra, al destacar el compromiso del personal que custodia diariamente esta extensa área natural protegida.
Otro de los pilares fundamentales de conservación es la gestión participativa impulsada entre el Estado y el Centro de Conservación, Investigación y Manejo de Áreas Naturales (CIMA). Gracias a este trabajo conjunto, comunidades nativas, organizaciones de productores e instituciones locales participan activamente en programas de educación ambiental, vigilancia comunal y asistencia técnica agropecuaria.
Este modelo ha permitido que las poblaciones comprendan que proteger el bosque significa garantizar agua, agricultura y futuro para sus familias. La conservación dejó de ser vista como una limitación y pasó a convertirse en una herramienta clave para el desarrollo sostenible de la Amazonía.
A puertas de arribar a su cuarto de siglo de existencia, el Parque Nacional Cordillera Azul exhibe un logro excepcional: mantiene intacto el 99.96 % de su estado de conservación, uno de los índices más altos registrados en áreas naturales protegidas de gran extensión en el país.
Este nivel de preservación permite que el bosque continúe funcionando como un regulador climático natural, asegurando la fertilidad de los suelos, la calidad del aire y la estabilidad hídrica de amplias zonas amazónicas. Sin embargo, las amenazas derivadas de la deforestación y las economías ilegales continúan representando un desafío permanente para las autoridades y las comunidades locales.
Frente a este escenario, Gustavo Montoya Gamarra reafirmó que el principal reto será mantener y fortalecer este modelo de gestión articulada. “Tenemos el desafío de hacer bien las cosas, para que esto pueda servir como un modelo de gestión”, afirmó.
A sus 25 años, el Parque Nacional Cordillera Azul demuestra que la conservación ambiental no es un obstáculo para el progreso, sino la principal garantía de vida, desarrollo y sostenibilidad para toda la Amazonía peruana.












