RCR, 15 de julio 2026.- El Perú enfrentará el Niño Costero 2026 sin haber desarrollado ni culminado obras de envergadura para reducir los impactos del fenómeno.
El presidente de la Comisión Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP), Luis Morán, sostiene que el país sigue actuando de una forma reactiva ante las emergencias en lugar de planificar con anticipación, pese a la experiencia acumulada tras los Niños ocurridos en 1983, 1997-1998 y 2017.
“No estamos preparados porque siempre actuamos de una forma reactiva. Estamos esperando los últimos momentos para actuar y actuar tres, cinco u ocho meses antes de un evento Niño no es prepararse, porque es actuar cuando ya estamos con el fenómeno encima. Con toda la experiencia que tiene el Perú debíamos ser expertos en saber qué es el Niño, dónde golpea más y haber actuado con mucha mayor anticipación”, aseveró el ingeniero Morán en Red de Comunicación Regional (RCR).
Obras inconclusas en Piura
El profesor principal de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos cuestionó que, tras el Niño Costero de 2017, no se impulsó un programa permanente de reducción del riesgo de desastres en la costa norte. Afirmó que la reconstrucción avanzó sin una estrategia paralela de prevención. “En Piura hay proyectos que han quedado a medio hacer y no estarán concluidos para la época de lluvias. Buena parte de la ciudad mantiene las vías abiertas y destrozadas por obras inconclusas. Esa es una muestra de que seguimos sin aprender que el fenómeno del Niño ya no es un evento extraordinario. El cambio climático lo ha vuelto cada vez más recurrente e intenso, con intervalos de ocurrencia más cortos, y eso es lo que pronostican los especialistas», afirmó.
Solo medidas inmediatas
Frente al escaso tiempo disponible, indicó que las autoridades deberán concentrarse en acciones puntuales para reducir los impactos de las lluvias. Entre ellas mencionó el mantenimiento de drenes pluviales, cámaras de bombeo y motobombas, además de corregir fallas en los sistemas de almacenamiento y evacuación de agua instalados en Piura, acelerar la protección de obras inconclusas y señalizar zanjas o sectores peligrosos para evitar accidentes.
“Lo que queda ahora es apelar a lo que siempre han tenido nuestras ciudades grandes, que son los drenes fluviales, los sistemas de bombas y motobombas. Ningún sistema de drenaje va a estar terminado para las épocas de lluvia, así que hay que poner a punto toda esa infraestructura y hacer todo lo necesario para proteger las zonas donde ya no se alcanzará a concluir las obras”, afirmó.
Zonas rurales son más vulnerables
Respecto a las zonas rurales de Piura, Ayabaca, Huancabamba y otros sectores expuestos a huaicos e inundaciones, Morán sostuvo que la dispersión de la población dificulta la ejecución de medidas de protección permanentes.
“Con las poblaciones rurales lo que queda es nuevamente hacer las protecciones precarias que siempre se hacen con sacos terreros, si es que no se han podido construir muros de contención, diques o las obras definitivas. Simplemente tenemos que hacer lo que se pueda parchando lo que no se ha hecho”, manifestó.
Albergues en el sur andino
El especialista explicó que, en las zonas altoandinas del sur, donde se prevén sequías y estrés hídrico, las respuestas deberán enfocarse en soluciones de ingeniería verde, albergues temporales y planes de movilización para las familias y su ganado, ya que se enfrentarían a la escasez de agua.
Por último, Morán informó que el Colegio de Ingenieros del Perú prepara un pronunciamiento y una propuesta técnica que será presentada a las nuevas autoridades nacionales y regionales. El objetivo, señaló, es aprovechar la experiencia que dejará esta emergencia para impulsar una política permanente de gestión prospectiva del riesgo y dejar atrás la respuesta reactiva que, según afirmó, ha predominado durante las últimas décadas.
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