Fuente: USMSM
Lima, 09 de marzo 2026.– La resiliencia emocional de los estudiantes vuelve a ponerse a prueba frente a factores externos que escapan a su control, como la actual crisis energética y la suspensión temporal de clases presenciales, advirtió la Mg. Susana Roggero Rebaza, jefa de la Oficina de Calidad Académica y Acreditación de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM).
La especialista señaló que este escenario no debe entenderse como un hecho aislado, sino como una situación que puede reactivar experiencias emocionales vinculadas al confinamiento durante la pandemia de COVID-19, periodo marcado por la incertidumbre, las pérdidas y la adaptación forzada a la virtualidad.
“Desde una perspectiva clínica y sanmarquina, es importante comprender que estos siete días pueden convertirse en un disparador de recuerdos asociados al confinamiento y a la incertidumbre que vivieron estudiantes y familias durante la pandemia”, explicó.
En ese contexto, Roggero Rebaza advirtió que el cambio temporal de modalidad educativa reactiva memorias de incertidumbre asociadas al periodo de virtualidad prolongada vivido durante la emergencia sanitaria, lo que podría alterar la estructura cotidiana necesaria para el equilibrio emocional y mental de niños, adolescentes y jóvenes universitarios.
“Como psicóloga clínica formada en la UNMSM, comprendo la complejidad de este retorno abrupto a la virtualidad decretado por la crisis energética. Por ello, considero importante analizar las implicancias emocionales que esta medida puede generar en los distintos niveles educativos”, señaló.
En el caso del nivel de Educación Inicial, explicó que la interrupción de la presencialidad resulta especialmente sensible, debido a que los niños se encuentran en una etapa en la que el aprendizaje se desarrolla principalmente a través de la experiencia sensorial y la interacción social. “Al verse privados del contacto físico con sus pares y docentes, los niños pueden experimentar ansiedad por separación y confusión frente a la interacción mediada por pantallas. Esta primera jornada interrumpida debilita la formación de vínculos de apego seguro con la institución educativa”, indicó.
Asimismo, añadió que esta situación traslada una carga emocional importante a los padres, quienes deben asumir un rol adicional como reguladores emocionales de sus hijos en un contexto familiar marcado por la incertidumbre.
Respecto a los estudiantes de Educación Primaria, la especialista señaló que el retorno a la virtualidad impacta directamente en su sentido de competencia y en la estabilidad de su rutina diaria, ya que la escuela constituye su principal espacio de socialización y reconocimiento.
Una transición repentina, explicó, puede generar frustración, desmotivación y dificultades para mantener la atención sostenida. A ello se suma la preocupación de muchos padres por la sobreexposición a pantallas, debido a los efectos negativos asociados al uso prolongado de dispositivos digitales. “El aislamiento preventivo, aunque sea por un periodo breve, interrumpe el desarrollo de habilidades socioemocionales clave y puede generar irritabilidad o retraimiento al perder el juego compartido, un elemento esencial para la salud mental infantil”, precisó.
En el caso de los estudiantes de Educación Secundaria, Roggero Rebaza indicó que el impacto emocional se relaciona con la construcción de la identidad y la pertenencia al grupo. Los adolescentes dependen en gran medida de la interacción presencial para consolidar su autoconcepto.
En ese sentido, el cierre temporal de las aulas, sumado a las posiciones divergentes entre algunas instituciones educativas y las autoridades, podría incrementar en los estudiantes sensaciones de injusticia, incertidumbre o pesimismo. Esta situación puede manifestarse en apatía académica o en un mayor uso de tecnologías como mecanismo de compensación frente a la ausencia de interacción social directa.
La especialista también señaló que los estudiantes universitarios, particularmente de la UNMSM y de otras universidades públicas, enfrentan una vulnerabilidad adicional vinculada a la brecha digital y a las limitaciones de recursos tecnológicos.
Para muchos de ellos, la virtualidad no solo representa un cambio en la modalidad de enseñanza, sino también una fuente de estrés debido a la falta de equipos adecuados, conexiones inestables a internet o espacios de estudio reducidos en el hogar.
En ese contexto, la preocupación por la pérdida de clases prácticas y la presión por mantener un rendimiento académico óptimo en condiciones adversas pueden incrementar el riesgo de agotamiento emocional o burnout académico, así como sentimientos de incertidumbre respecto a su futuro profesional.
Finalmente, Roggero Rebaza señaló que la postura crítica de algunos colegios particulares frente a la medida también introduce un elemento de tensión que los estudiantes perciben directamente. “El clima de confrontación entre instituciones educativas y el gobierno puede generar en los alumnos una sensación de inestabilidad institucional, donde el derecho a la educación parece quedar supeditado a disputas externas. Esto puede incrementar los niveles de estrés en las familias”, explicó.
Ante esta situación, la especialista subrayó la importancia de que las instituciones educativas prioricen espacios de escucha activa y acompañamiento emocional para los estudiantes. “Es fundamental que se promueva el soporte emocional durante esta transición, con el objetivo de mitigar su impacto y asegurar un retorno saludable a las aulas”, puntualizó.












