Una casa abierta por siempre a Víctor

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Chispeante, ineludible, humor a prueba de cualquier situación, buena fe y creyente del bien común. Así fue Víctor Robles, colega y entrañable amigo.

Ya lo extrañamos, con sus llamadas siempre salpicadas de entusiasmo, en la interminable búsqueda de un ideal transformador, del ejercicio periodístico sin doble rasero y la franqueza por delante.

El día que nos comentó sobre El Montonero estaba como niño con juguete nuevo: desbordado de optimismo y no era para menos, ahí están los resultados, un espacio de obligatoria visita y lectura para conocer la otra cara de la moneda política. Cuando se enteró del proyecto de plataforma digital de radio (Red de Comunicación Regional –RCR), paró las antenas y quiso saber más y, por supuesto, participar, porque “era de la familia” y en lo que hacíamos tenía que estar él.

Acordamos tomarnos un café en Miraflores para darle los detalles. No pudimos coincidir en la hora acordada, llegué tarde. Hablamos por teléfono y me dio una razón más que poderosa del por qué ya no era posible reunirnos ese día: su esposa (su inseparable Mirtha) lo estaba esperando. Se acabó el debate, no había fuerza terrenal que lo haga retornar.

Nunca más tomamos ese café y nunca más pude explicarle que RCR lo tenía en cuenta, aunque en la práctica sería casi una redundancia, porque sabía que era su casa para cuando decidiera venir.

Quedan en el camino las inolvidables jornadas en Gestión, las largas, intensas y amenas charlas y reuniones para compartir experiencias periodísticas, políticas, académicas; la experiencia de Voz de Alerta en Radio San Borja, que arrancaba contraponiendo opiniones vertidas minutos antes en el programa del IDL.

Era una forma de vivir el periodismo, de ver la vida, de mirar la política como una misión de servicio a la sociedad. Víctor se fue, nos deja su amplia trayectoria y su invalorable amistad.

En RCR lo tendremos presente, siempre.

Carlos Cabrera Oliva