Fuente: Diario Voces
La Amazonía peruana ha encontrado una nueva ruta hacia la sostenibilidad y la seguridad alimentaria a través del aprovechamiento de sus desechos agrícolas. Un reciente estudio liderado por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP), organismo adscrito al Ministerio del Ambiente, ha revelado que los residuos del cultivo de maíz poseen un potencial extraordinario para la producción de hongos comestibles del género Pleurotus, superando con creces a otros materiales locales.
La investigación, que se extendió durante un periodo de tres meses, se centró en evaluar el comportamiento del hongo gris (Pleurotus ostreatus) y el hongo rosado (Pleurotus djamor) bajo dos tipos de soportes: el rastrojo de maíz y el aserrín de yanabara. Los hallazgos fueron determinantes al señalar que el rastrojo de maíz es el sustrato más eficiente, logrando un rendimiento impresionante de 1 384 gramos de hongos frescos por cada kilogramo de material utilizado. Esta cifra no solo supera el desempeño del aserrín forestal, sino que destaca la capacidad del hongo gris para colonizar y fructificar de manera óptima en los restos de hojas, tallos y brácteas que quedan tras la cosecha del grano.
Además de su alta productividad, los hongos obtenidos bajo este método presentan un perfil nutricional de élite. El estudio del IIAP detectó niveles de 31,7 % de proteínas y 25,2 % de fibra, convirtiendo a este alimento en una alternativa de alta calidad para las comunidades rurales. Desde el punto de vista financiero, la propuesta resulta sumamente atractiva, ya que reporta una rentabilidad aproximada del 60 %. Este margen de ganancia se sustenta en el bajo costo de los insumos, dado que se utilizan desechos orgánicos que actualmente no tienen valor comercial, limitando la inversión principalmente a labores de transporte, preparación y monitoreo del cultivo. Este avance científico impulsa el modelo de economía circular en la región San Martín, transformando lo que antes se consideraba basura agrícola en un recurso valioso. Al adoptar estas prácticas, los productores locales no solo mejoran sus ingresos y su dieta, sino que también contribuyen a la sostenibilidad ambiental de la Amazonía, reduciendo la quema de residuos y promoviendo un ciclo productivo mucho más eficiente y amigable con el ecosistema.












