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EL IPE ESTIMA CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA DE 2.9% EN 2026, AUNQUE CON SESGO A LA BAJA

FUENTE: IPE

  • Además, proyección se mantiene en 2.8% para 2027. El ajuste en 2026 se explica por la resiliencia observada en el gasto privado; no obstante, la presencia de riesgos a la actividad y precios posicionan sesgo a la baja.
  • Actividad económica enfrenta riesgo electoral y ocurrencia de fenómenos climáticos; mientras que precios enfrentan riesgo asociado a desbalances en mercado de petróleo e irrupción en la distribución de gas a nivel nacional.

Lima, 10 de marzo de 2026.- El Instituto Peruano de Economía (IPE) llevó a cabo el seminario virtual “Perspectivas económicas en un año de elecciones”, en el que Martín Valencia, jefe de estudios económicos, presentó la actualización de las proyecciones económicas del IPE para 2026-2027. El evento contó con los comentarios de Andrés Pérez, Economista jefe para América Latina del Banco Itaú; y la moderación de Mávila Huertas, periodista de RPP.

Coyuntura económica al inicio de 2026

La economía mantiene su dinamismo para consumo e inversión a inicios de 2026. De un lado, las actividades relacionadas a consumo continuarían favorecidas por la solidez de los ingresos de los hogares y, similar a lo ocurrido a mediados de 2024, por la liquidez transitoria de los retiros de AFP, cuyos desembolsos culminarían en el primer trimestre del año. Asimismo, la inversión habría continuado creciendo a doble dígito en enero (10.1%), ante el fuerte crecimiento del consumo de cemento (13.6%) y a un incremente de las importaciones de bienes de capital (7%).

Economía en un contexto de transición política

El dinamismo de la economía a inicios de 2026 se dio en un contexto de recuperación de la confianza empresarial. Así, las expectativas de la economía en el corto plazo (a tres meses) se ubicó en el tramo optimista por 20 meses consecutivos. Esto se dio luego de que la confianza se mantuvo en terreno pesimista durante su periodo más prolongado entre 2020 y 2023. No obstante, en febrero, el optimismo se tornó cauto ante la reciente vacancia presidencial: el indicador de expectativas retornó a terreno neutro.

Este ajuste es reflejo de la constante inestabilidad política, que deriva en cambios de autoridades. Desde 2016, ningún presidente alcanzó a culminar su periodo de mandato, con el agravante de que los últimos dos presidentes sumarán menos de un año en el cargo. Esta inestabilidad se traduce en una alta rotación de funcionarios dentro del gobierno nacional e impide una gestión pública adecuada. En este contexto, una encuesta del IPE a los principales economistas del país considera que la prioridad del actual gobierno debe ser asegurar una transición política estable, incluso por encima de otras prioridades como contribuir a la sostenibilidad fiscal, avanzar con la reforma de Petroperú, combatir las economías ilegales o el destrabe de proyectos.

En este contexto, el IPE revisa ligeramente al alza sus proyecciones de crecimiento a 2.9% para 2026 (antes 2.7%) y la mantiene en 2.8% para 2027, en línea con el ritmo potencial de la economía. En particular, este ligero ajuste al alza en la proyección se explica por la resiliencia observada del gasto privado a inicios de 2026. Así, se prevé que sus componentes, la inversión y el consumo, crecerían 5.4% y 3.4%, respectivamente. Cabe señalar que estos resultados reflejan una moderación respecto al año previo, principalmente en el caso de la inversión privada como consecuencia de un escenario de incertidumbre electoral, acentuada por el elevado número de partidos políticos participantes. Asimismo, estas proyecciones se presentan con un sesgo a la baja, considerando los impactos que tendrían sobre la economía peruana la situación internacional reciente en Irán y sus efectos sobre los precios internacionales, la crisis energética local y las condiciones climáticas del FEN Costero.

Sostenibilidad fiscal

Existen riesgos sobre la sostenibilidad fiscal que la convierten en una fuente de inestabilidad. En lo que va del 2026, persisten las presiones de gasto principalmente por un mayor gasto corriente (que creció 11.4% entre enero y febrero). Sumado a esto, y en línea con la encuesta del IPE a los principales economistas, se mantiene como riesgo regulatorio latente una mayor promulgación de normas de gasto impulsadas desde el actual Congreso. El deterioro fiscal se haría también más evidente debido a la inadecuada orientación de los planes de gobierno: ningún plan propone un manejo sostenible de las finanzas estatales con medidas para ampliar la base tributaria, reducir las exoneraciones y optimizar el gasto público. En este contexto, el IPE proyecta un déficit de 2.2% del PBI en 2026, por encima de la meta vigente de 1.8%, con lo que se acumularían cuatro años de incumplimiento consecutivos. Esta proyección anual del déficit considera las presiones de gasto en el año (mayores remuneraciones e inversión pública en el ámbito subnacional) y una mayor recaudación tributaria minera.

Durante su participación, Andrés Pérez destacó que la transición energética internacional otorga un escenario favorable para los términos de intercambio en el mediano plazo, sobre todo para el precio del cobre, lo cual debería impulsar la inversión privada en economías como Perú y Chile. Asimismo, la coyuntura del conflicto en Irán tendría un impacto acotado y transitorio en los precios y las expectativas de inflación a diferencia del episodio de la guerra de Rusia y Ucrania de 2022 que impactó sobre los combustibles. En el escenario local, destacó la importancia de fortalecer la solidez monetaria y fiscal, a través de la acumulación de reservas internacionales y la recuperación de la estabilidad en las cuentas fiscales. En efecto, la coyuntura de precios internacionales de minería debería otorgar espacio para la consolidación fiscal y posicionar los balances en superávits fiscales. Por último, destacó la importancia de impulsar la productividad para incrementar el potencial de crecimiento de la economía, aprovechando el avance de las tecnologías relacionadas a la inteligencia artificial.

El IPE continuará monitoreando el impacto de los diversos choques, tanto domésticos como externos, sobre la actividad económica peruana, los precios y las finanzas públicas.