RCR, 14 de febrero de 2026.- El expresidente del Tribunal Constitucional, Ernesto Blume Fortini, sostuvo que frente al caso del presidente José Jerí, el camino constitucional para su remoción es la vacancia y no la censura, pues esta última no procede contra un mandatario en funciones. Advirtió que una eventual censura contra Jerí sería “un acto irregular del Congreso de la República” y contrario al ordenamiento constitucional.
Para el constitucionalista Blume, la censura no es procedente en este caso, pues se trata de un mecanismo reservado para ministros, gabinetes o mesas directivas. “Cuando el presidente del Congreso asume la presidencia de la República por sucesión presidencial, queda en suspenso su cargo parlamentario. Por lo tanto, el señor Jeri detenta todas las prerrogativas y responsabilidades del presidente de la República”, explicó Blume en entrevista con la Red de Comunicación Regional (RCR).
En ese sentido, sostuvo que no cabe censurar al presidente de la República. “Creo que el Congreso va a incurrir en un error al propiciar y de repente materializar una decisión de censura, que evidentemente tiene menos requisitos en cuanto a votación y va a llevar adelante la remoción del presidente. Pero los constitucionalistas advertimos que ello no se ajusta a la Constitución. Si consideran que ha cometido algunas infracciones que desmerecen el ejercicio de la magistratura presidencial y dan mérito a una descalificación moral permanente del presidente, lo que corresponde es la vacancia”, señaló.
El jurista recordó que la Asociación Peruana de Derecho Constitucional ya se pronunció sobre el tema, señalando que, de existir un comportamiento que comprometa gravemente la figura presidencial, debe aplicarse la vacancia prevista en el artículo 113 de la Constitución.
Vacancia de Jerí abriría paso a Fernando Rospigliosi
Respecto a las consecuencias de una eventual vacancia, Blume precisó que José Jeri perdería la presidencia de la República y la del Congreso por un efecto dominó, regresando a su condición de congresista y quedando sujeto a las investigaciones correspondientes. En ese escenario, el Parlamento tendría que designar un nuevo presidente del Congreso, quien asumiría también la jefatura del Estado.
Aclaró que la sucesión no implica, necesariamente, un cambio total de la Mesa Directiva, sino únicamente del titular del Congreso. Por ello, el primer vicepresidente, Fernando Rospigliosi, quedaría encargado de la conducción parlamentaria y, conforme a la Constitución, pasaría también a ejercer la presidencia de la República. “Porque no es un cambio de toda la mesa directiva, sino es un cambio de quién ejerce la presidencia en virtud de haber sido presidente del Congreso”, afirmó el jurista.
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