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CERREMOS EL MINISTERIO DE ENERGÍA Y MINAS

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Fuente: Diario Gestión 

El Ente activo y técnico que transformó el caótico sector eléctrico de los 80 en una maquinaria moderna y eficiente es un recuerdo.

El otrora muy relevante y altamente técnico Ministerio de Energía y Minas (MEM) es hoy un organismo público cualquiera: opaco, inoperante, sin protagonismo y de pocas luces. En los 90 y principios del 2000, el MEM era el faro público que lideró el cambio económico que transformó al país, bajo la premisa de que sin energía y minería el Perú no crece ni desarrolla.

Ese MEM activo y técnico que transformó el caótico sector eléctrico de los 80 en una maquinaria moderna y eficiente, que impulsó el nacimiento del gas natural, que liberalizó y modernizó los hidrocarburos y que promovió minas de talla mundial como Antamina es un recuerdo.

La privatización (no, no es mala palabra) y promoción de la inversión en energía y minería fueron los procesos más exitosos dentro de la modernización, liberalización y “desestatización” del país. Una serie de eventos exógenos supuso que lo avanzado en este sector se haya ralentizado y el MEM haya perdido relevancia política, pese a que aporta más del 15% del PBI nacional y la energía es el motor que desarrolla todas las demás actividades del país. Sin energía no hay industria, manufactura, servicios, comercio, educación, salud, transporte o recreo.

Eventos como la adscripción del Osinergmin a la Presidencia del Consejo de Ministros, desligándolo del MEM y dotándolo de un descomunal presupuesto, ha significado que este ente, que debiera ser un árbitro técnico y fiscalizador, invada fueros del MEM y dicte hoy la política energética y tuerza su rol e interprete que es el de reducir tarifas, limitar ingresos e intervenir mercados, y le enmienda o cuestione decisiones o actos al MEM en cuanta ocasión pueda.

El Ministerio del Ambiente es otro agente que ha abonado al deterioro del MEM, cuestionando cuanto proyecto o norma de promoción del sector había sido aprobado en su momento por este. Conjuntamente con Cultura, y antes la Defensoría del Pueblo, se han encargado de desvirtuar la reputación y valía del MEM, bajo el pretexto de la protección ambiental y social, pese a que los proyectos minero-energéticos que son social y ambientalmente responsables llegan donde el Estado no lo hace, trayendo desarrollo.