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AMAZONAS: VIH – SIDA ATACA A 309 NATIVOS Y SOLO 36 RECIBEN TRATAMIENTO

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Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) advierte que tasa de enfermedad mortal en provincia de Condorcanqui es diez veces mayor que el promedio nacional.

Por Beto Cabrera Marina.

Mirando desde la ondulada colina donde se ubica Santa María de Nieva, el paisaje fluvial es como una visión condatém: mágica y mítica: el río Marañón ruge de furia listo para romper de una dentellada feroz la Cordillera Oriental abriendo el pongo de Manseriche; el Santiago acariciando las laderas del Campankís y el Nieva, sólo aparentemente apacible como los hombres y mujeres awajún y Wampís

En esa colina quizás solo hace algunas décadas, antes del aluvión humano que ahora es Santa María de Nieva, los pueblos Awajún y Wampís, de la familia etnolinguística Jíbaro-Jíbaro, se congregaban para invocar a Ajutap, el personaje supremo, a fin de lograr y alcanzar el Ipamamu, la fuerza colectiva, la unidad y el poder para sobrevivir y enfrentar a Iwanchi, al demonio, representado en las fuerzas que a lo largo de la historia han pretendido esclavizarlos, dominarlos, someterlos e incluso destruirlos.

A esa colina, ocupada ahora por la ciudad de Santa María de Nieva, la capital de la Provincia de Condorcanqui, de la Región Amazonas, ha llegado el diablo, un Iwanchi que viene de Occidente, mucho más poderoso y mortal: la enfermedad del sida que, según un reciente reporte de los organismos de salud, citado por la Defensoría del Pueblo, han infectado a más de 300 personas en la ciudad y en toda la provincia.

Estas cifras terribles han sido confirmadas por la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP) que en un documento reciente ha señalado que la tasa del VIH-Sida en la provincia de Condorcanqui es diez veces mayor que el promedio nacional.

De acuerdo al documento de la Defensoría del Pueblo, de las 309 personas con sida, sólo son atendidas con tratamiento de antirretrovirales 36 personas. El resto, el 88 por ciento de los pacientes, no recibe ningún tratamiento.

Uno de los motivos o causas de por qué el 88 por ciento de los enfermos se morirán irremediablemente es francamente escandaloso, inhumano, inconcebible en cualquier sociedad humana.

Para “la clase política” peruana, los pueblos andinos dejaron de ser pueblos originarios indígenas con la Reforma Agraria del general Velasco Alvarado de 1969 y para Nadine Heredia, un indígena con celular deja de ser indígena.

Aénts versus Apach

Los pueblos Jíbaro-Jíbaro se autodefinen comoAénts, es decir, los hombres verdaderos. Por el contrario, los mestizos y blancos son los Apach, los de afuera. La relación entre aénts y apach ha sido tirante y hostil a lo largo de la historia.

Recién en la década de los setentas del siglo XX, luego de la rebelión del apu Samarén que arroja de la región a los últimos caucheros en 1916, hay una cierta distensión con la llegada de los primeros colonos en su mayoría andinos a la zona. Hoy la población de colonos representa casi la mitad de los más de 50 mil habitantes que tiene Condorcanqui, muchos de ellos comerciantes, extractores ilegales de madera y de oro, soldados de las guarniciones, obreros de las compañías petroleras y auríferas que, los fines de semana, transforman a Santa María de Nieva en una fiesta tropical sin límites ni restricciones.

De este encuentro- o desencuentro-han resultado los contagios del sida entre los pueblos indígenas, las fracturas y traumas culturales que han incrementado los suicidios entre los jóvenes Awajún y Wampís y otros males y exclusiones del Estado y de la civilización o la “cifilización”, como dice Paulo Freyre  de la relación entre los pueblos indígenas y Occidente.

La reducción de cabezas

Desconociéndose sus ritos y costumbres, sí se hizo célebre en el mundo la práctica de «reducir cabezas». Efectivamente, este procedimiento, llamado tzantza, hacía que se momificase y conservara las cabezas de los enemigos como talismanes guerreros.

Esta práctica se realizaba decapitando el cadáver y luego extrayendo el esqueleto cefálico y facial de la persona. A continuación, se curtía la piel con hierbas, taninos, chamizos y otros ingredientes; se le introducía arena caliente y se la planchaba. En el interior de esa piel que, de ese modo, se reducía de tamaño, se colocaba una piedra pequeña, como nuevo esqueleto, y se conserva el cabello. Así, después de cosida en sus ojos y boca, teñida y magistralmente preservada, se logra una «cabeza reducida».

Exclusiones.

Porque en Santa María de Nieva los jueces y fiscales prefieren no impartir justicia porque no entienden el derecho consuetudinario y las tasas de pobreza y desnutrición son las más altas del país.

 Así ha sido siempre…