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SOCIEDAD GEOLÓGICA: “LAS AUTORIDADES DEBEN RECURRIR A LA GEOCIENCIA PARA PREVENIR DESASTRES COMO ALUVIÓN EN CHILE”

Fuente: Sociedad Geológica del Perú

Perú, 12 de octubre de 2026.- El aluvión registrado en Chile vuelve a encender las alertas sobre la vulnerabilidad de las ciudades frente a la activación de quebradas y las lluvias intensas, un escenario que también representa una amenaza para el Perú.

Ante esta situación, el presidente de la Sociedad Geológica del Perú (SGP), Carlos Bianchi Ramírez, plantea la necesidad de que las autoridades recurran a la geociencia y a los especialistas para identificar zonas de riesgo y adoptar medidas preventivas que eviten tragedias.

El especialista advierte que muchas ciudades y comunidades peruanas se han desarrollado sin incorporar adecuadamente el conocimiento geológico y geomorfológico del territorio.

Esta situación, sumada al crecimiento urbano desordenado, la ocupación de quebradas y cauces, las construcciones informales y las deficiencias en la planificación territorial, puede convertir un fenómeno natural en un desastre de grandes dimensiones.

La experiencia de Chile constituye una señal de alerta para el Perú, especialmente ante la amenaza de precipitaciones intensas y los posibles efectos del fenómeno El Niño. La activación de quebradas puede movilizar grandes volúmenes de agua, lodo y rocas, poniendo en peligro a las poblaciones asentadas en zonas expuestas y afectando carreteras, viviendas y servicios esenciales.

GEOCIENCIA PARA ANTICIPARSE A LOS DESASTRES

Bianchi sostiene que la prevención debe comenzar antes de ocupar el territorio. Para ello, las autoridades nacionales, regionales y municipales necesitan incorporar el conocimiento científico en sus decisiones, con el apoyo de geólogos y otros profesionales especializados en el análisis de los peligros naturales.

El Perú presenta una compleja configuración geológica por la interacción de las placas de Nazca y Sudamericana, la cordillera de los Andes y la variabilidad climática. Estas condiciones exponen al país a terremotos, tsunamis, huaicos, deslizamientos, derrumbes, aluviones e inundaciones, cuyos efectos pueden agravarse cuando las poblaciones y sus infraestructuras se encuentran en zonas vulnerables.

En ese contexto, el presidente de la SGP remarca la importancia de identificar dónde pueden ocurrir estos procesos, evaluar sus posibles consecuencias y utilizar esa información para orientar el crecimiento urbano, establecer restricciones de ocupación y proteger la infraestructura crítica.

La gestión moderna del riesgo requiere integrar geología, geofísica, geomorfología, hidrología e ingeniería, además de considerar el cambio climático, la planificación urbana y los sistemas de alerta temprana.

Esta articulación permite elaborar mapas de peligros y riesgos, mejorar las normas de construcción y fortalecer la preparación de las comunidades ante una emergencia.

AUTORIDADES DEBEN PRIORIZAR LA PREVENCIÓN

Uno de los principales desafíos del país es superar una respuesta centrada en atender las emergencias una vez ocurridas y avanzar hacia una política de prevención sostenida. Para ello, resulta indispensable que el conocimiento de los especialistas se traduzca en decisiones concretas de ordenamiento territorial, inversión pública y protección de la población.

La advertencia cobra especial relevancia frente a los riesgos asociados a las lluvias intensas y la activación de quebradas, fenómenos que pueden afectar tanto a las ciudades andinas como a otros centros poblados ubicados en zonas expuestas.

Para Bianchi, conocer las características geológicas y geomorfológicas del territorio debe ser un componente fundamental del desarrollo sostenible del Perú.

La planificación basada en evidencia científica, junto con la vigilancia y los sistemas de alerta temprana, es clave para reducir la vulnerabilidad y evitar que los peligros naturales se conviertan en tragedias humanas y económicas.

El mensaje de la Sociedad Geológica del Perú es claro: las autoridades deben apoyarse en la geociencia y en los expertos para anticipar los peligros, planificar mejor las ciudades y proteger la vida de la población.