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ES ORGULLO Y NO VERGÜENZA

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Recientemente, se escucharon comentarios desdorosos respecto de un empresario peruano que, si bien estaban dirigidos directamente a él, en el fondo se referían a todos los empresarios exitosos a quienes, en el contexto de lo dicho, se les consideraba abusivos, que buscaban normas legales que los beneficiara, que trataban de tener monopolios, que estaban acostumbrados a constituir carteles para alza concertada de precios, entre otras tantas aseveraciones.
Probablemente, no solo en el Perú sino en el mundo entero, hay empresarios que reúnen algunas, sino todas las características expresadas, a lo que se podría agregar que remuneran a sus trabajadores con salarios reducidos que no les permite satisfacer sus necesidades y la de sus familiares dependientes.
Sin embargo, no todos pueden ser calificados negativamente. La realidad es que muchísimos empresarios de todo tamaño, e incluyendo a los pequeños emprendedores, son muy imaginativos, hacen negocios cotidianamente en diversos sectores de la economía, desde la extractiva como la transformadora y por supuesto la comercializadora, sin olvidar actividades de educación y salud, apoyando en obligaciones que son de responsabilidad del Estado al que sustituyen, permitiendo que más personas y familias accedan a la salud y a la educación, en esta última actividad desde la educación inicial hasta la universitaria y, por supuesto, pasando por la primaria, secundaria y técnica.
Lo principal y que muchos olvidan, es que los empresarios con sus actividades generan puestos de trabajo, reducen el desempleo y pagan tributos, como son impuestos, contribuciones, tasas y varios otros.  Con la tributación se sostiene el aparato del Estado, tanto en lo que constituye la seguridad interna como externa, las relaciones internacionales, la empleocracia pública y las obras de infraestructura como red vial nacional, carreteras y caminos departamentales y provinciales, puertos marítimos, fluviales y lacustres, construcción de hospitales y escuelas, entre muchísimas otras obras de todo tamaño, importancia y magnitud.
Hay un sinfín de empresarios que salieron del Perú por diversas razones, habiendo obtenido éxito en el exterior, pero sin embargo han regresado a la Patria que los vio nacer para colaborar con ella y su economía, al traer sus capitales para hacer emprendimientos de toda naturaleza. ¿Cuál es su pecado? ¿Ser patriotas?, no eso no es demérito es una altísima calificación que todos deberíamos reconocer en lugar de criticar y agraviar.
Recordemos algunas cosas que mucha gente olvida respecto a la actividad privada. La electricidad, en sus fases de producción, transporte y distribución estuvo buen tiempo en manos del Estado.  Cuando ella pasó al sector privado, tal actividad creció y hoy vemos que gran parte del país está electrificado y se sigue invirtiendo en ella y lo mismo existe en la telefonía y telecomunicaciones. En efecto hacen pocas décadas conseguir un teléfono para oficina u hogar era toda una Odisea, costaba una fortuna y encima era de pésima calidad.  Hoy se puede acceder a la telefonía en pocas horas y si se trata de telefonía móvil, pues en minutos, estando casi todo el Perú con Internet y el número de celulares operativos se cuentan por millones.
La actividad pesquera con inversión de privados, puso al Perú en el primer lugar mundial de producción de harina de pescado, principal insumo para la alimentación de animales que de suyo contribuyen al sostenimiento humano. Aún le debemos a Luis Banchero Rossi el monumento que merece.
Ya es hora qué se deje de agredir e insultar al empresariado privado que tanto necesitamos de él.  Incluso a sus emprendimientos se les pone trabas, abusivos trámites, requisitos inimaginables y adicionalmente en sectores como minería e hidrocarburos hasta se les criminaliza, olvidando que sus actividades son altamente beneficiosas para nuestro país. Respeto al empresariado es lo mínimo que podemos exigir a nuestros gobernantes actuales como futuros, tienen el orgullo de hacerlo y no tienen porque avergonzarse de hacer patria.

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